Trump: un nuevo tiempo

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En el primer debate de los candidatos en Cleveland, Trump tomó la postura cómoda de su espectáculo: irritar a su contrincante que, durante los 90 minutos de extensión, no lo determinó un solo segundo con la mirada y lo nombró en una palabra fría y distante: “Él”. Joe Biden intentó sobresalir entre las interrupciones y tropiezos programados del candidato que gobierna y comunica con torpedos desde todos los flancos, y al final, la síntesis estaba determinada solo por las cortas respuestas nubladas por la pirotecnia de los ataques. Trump acusó a su contendor de ser la imagen y la fórmula de la izquierda radical que solo existe en sus delirios, y Biden respondió describiéndolo como un cachorro de los intereses de Putin. Una tronamenta de adjetivos caricaturescos que no ayudaron precisamente a la trascendencia política de las ideas, pero era justo y exactamente lo que quería el presidente-candidato: el terreno empantanado y propicio para sobresalir con imponencia y vanidad; un entretenimiento efectista en tiempos de hastío. Sabe perfectamente bien que el denominador común del votante estadounidense, exhausto de la tradición y las promesas incumplidas, prefiere las virtudes exóticas de un outsider que el discurso cansado y predecible de un tipo correcto y proveniente de las bases de los partidos internos. Biden lo sabía y lo esperaba, y sobre los ataques y los escupitajos sobre su pasado intentó respirar y disculparse cuando la asfixia lo empujó a tratarlo de “payaso”, la imagen que tienen sus contendores al primer impulso incontenible.

Los dos debates restantes tendrán todos los tintes del odio que dirigirá el dueño del trono para imponerse entre sus métodos conocidos, y alguna noticia incendiaria estará preparando para los días neurálgicos de la emoción electoral, como lo hizo con efectos a su favor contra Hillary Clinton. Ya lo empezó a hacer por temáticas regionales que le favorecen en intención de voto entre los Estados con población latina decisiva, y en Colombia el direccionamiento ha llegado también con las pautas claras: dirigir la agenda a los intereses de la victoria del outsider con mente patriarcal y ultraconservadora que será definitivo también para el apoyo de la nueva figura que elija el capataz en la región: Álvaro Uribe Vélez. Su estatus, su prestigio político internacional, su pasado en testimonios ante la DEA y su dominación progresiva contra la separación de poderes también dependerá de la postura del nuevo presidente del norte. Por eso han afianzado una articulación en comunicaciones para desprestigiar los oponentes de sus búsquedas desesperadas. pero Joe Biden no es Hillary Clinton, y los desastres de la emergencia sanitaria señalan directamente al negacionista que se rehusó a usar las medidas por insistir en sus venganzas contra la prensa y los predominios de la información oficial, ya que su programa eterno es permanecer siempre al margen.

La presidencia que tome el poder en noviembre influirá directamente en el próximo futuro de las regiones del mundo que han pactado sus lobbies acorde a sus conveniencias. Usarán todos los recursos posibles para apoyar la retoma del gobierno de quien ha ejercido el mando con las bajezas de la xenofobia, la misoginia y el odio como sustento político; los últimos recursos de los que nunca han tenido el talante de estadistas en los tiempos más crudos.

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