Trump y mister Petro

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MIAMI. - Hace menos de un mes el presidente Trump sabía tanto de Gustavo Petro como de remedios para el coronavirus. Es decir: nada. Bueno, algo: ya es leyenda la sugerencia que hizo, en una rueda de prensa en la Casa Blanca, de que ensayáramos a inyectarnos desinfectantes. De pronto funcionaba.

Gracias a los buenos oficios de un grupito de uribistas de Miami bien conectado con personajes como el senador republicano Marco Rubio o el representante del mismo partido Mario Diaz-Balart, a la campaña de Trump llegaron los vientos tropicales de la política interna colombiana, mezclados con la ya rancia óptica del llamado exilio histórico cubano: Biden títere del castrochavismo y, adaptado a Colombia, Biden aliado de Petro.

Intentan repetir la fórmula exitosa con los cubanos: explotar el resentimiento, la rabia y los prejuicios ideológicos, el odio a Fidel o a “los Castro”, para perpetuarse en Washington. Así lo han hecho Rubio y los Díaz-Balart, y lo seguirán haciendo sus sucesores, sin que, por otra parte, en Cuba pase mayor cosa. Estos políticos de carrera, y sin grandes escrúpulos, ya jugaron con las expectativas y las fantasías de los venezolanos en el exilio, sin resultados distintos a una serie de sanciones contra el régimen chavista que ahondaron los padecimientos del pueblo, pero no movieron un centímetro a Maduro de Miraflores.

Ahora, en el último trecho de la campaña de Trump, cuando es claro que se le complica su juego en la Florida, ese puñado de uribistas recalcitrantes, a quienes les fascina aupar la guerra en Colombia mientras se toman un mojito en cualquier restaurante de Miami, abre la puerta de nuestros asuntos internos para que entre la politiquería del sur de la Florida, con todos sus juguetes: convencer al electorado colombiano que votar por Joe Biden es casi como elegir al exalcalde de Bogotá y exguerrillero del M-19. Que el gobierno Obama-Biden y Juan Manuel Santos, le entregaron el país a los “narcoterroristas de las Farc”. Las contorciones que da la ideología, de la mano de la manipulación y la mentira, son como de circo.

Los trumpistas están raspando la olla en la Florida, es decir, necesitan cifras marginales de hispanos y negros que complementen la movilización del electorado blanco. El voto latino es muy diverso, los colombianos son la segunda comunidad más grande del sur de la Florida. Por eso se han intensificado los coqueteos de los políticos locales, ya aprobaron en la comisión (concejo) del condado Miami-Dade una resolución para bautizar “Álvaro Uribe Way” un tramo de una avenida en el sur de ese condado, en un vecindario donde vive un porcentaje importante de colombianos. Y por eso el uribismo afincado en la Florida, logró llevar hasta la loca cuenta de Trump en Twitter todo ese discurso incendiario que tanto daño le ha hecho al país y al proceso de paz.

Piensa Trump que así obtendrá algunos voticos de una comunidad de la que no tiene la más remota idea, y los uribistas guardarán las esperanzas de que con este gárrulo en el poder por cuatro años más, podrán frenar el ascenso del “comunismo” en Colombia.

Sin embargo, los uribistas escogieron el peor momento para colincharse a este carro loco, sin rumbo ni dirección. En el sur de la Florida, sólo los cubanos apoyan más a Trump que al exvicepresidente demócrata. Los adultos mayores, en grandes porcentajes, le quitaron el apoyo a Trump; los puertorriqueños no olvidan el desprecio y la insensibilidad del presidente de Estados Unidos en su visita a la Isla del Encanto, semanas después del paso del devastador huracán María; las mujeres blancas, incluso las que no tienen grado universitario, han desertado del trumpismo, y ni negros ni hispanos – a excepción de los cubanos que aún viven enredados en el pasado – siguen a un líder que ha demostrado, con una claridad meridiana, su grave irresponsabilidad en el manejo del coronavirus que, en estos momentos, sufre un repunte en 30 estados de la unión americana.

Pero como lo han repetido todos los encuestadores y los analistas más agudos, el actual presidente de la nación que bate récord en el número de muertes por el COVID19, puede tener un camino hacia la victoria. En ese caso, ¿Cuál es la idea de los uribistas para las elecciones de 2022, en caso de que no sea su candidato, sino uno alternativo, el que tome las riendas del país? ¿Repetir el papelón de la oposición venezolana? ¿Llamar de manera desembozada a la intervención del tío Sam para “extirpar” al “castrochavismo” del suelo colombiano? ¿Sabotear y obstruir al nuevo gobierno? ¿Promover un golpe de estado con la ayuda de la administración Trump?

Todo eso suena delirante y, sobre todo, antidemocrático hasta la médula. Pero, como dice el viejo adagio, “Dios los cría y ellos se juntan”. El uribismo y Trump tienen los mismos impulsos autoritarios, adobados con un populismo de extrema derecha. Les encantan las soluciones de fuerza, las medidas dictatoriales, y el ataque sistemático a las libertades públicas.

Por otra parte, no nos digamos mentiras: Colombia es país estratégico para los intereses estadounidenses en la región, y sea Trump o Biden el que corone, tendrá una atención especial en temas de violencia, narcotráfico y comercio internacional. Porque desde la década del 60, con la Alianza para el Progreso, hasta, en los 90, el Plan Colombia, su clase dirigente ha bailado con la partitura en parte escrita en Washington. Pero no hay duda de que si gana el candidato demócrata, habrá un respiro de tranquilidad no sólo en Colombia, sino en el mundo entero.

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