Por: Antonio Casale

¿Tumbar a Perdomo?

El fútbol profesional colombiano de hoy es, sin duda, mejor que el de hace unos años. Hay aspectos por mejorar, pero es bueno mantener el equilibrio.

A diferencia de antes, encontramos que las canchas de la mayoría de los estadios están en buenas condiciones. Los jugadores de fútbol, aunque esto no les guste a muchos dueños de equipos, tienen su vinculación laboral con todas las de la ley, y esa es la mejor muestra de un negocio que hoy se maneja dentro de la legalidad, generando confianza. El exitoso modelo de Win ha hecho que el amor de la gente por nuestro fútbol haya crecido, a tal punto que los equipos se puedan dar el lujo de pensar en una propuesta para sacar mayores dividendos, como se hace alrededor del mundo a través de un canal plus. Además, nunca antes de Win los clubes habían recibido tanto dinero como en estos años.

Hay cosas que no son tangibles, pero que generan progreso. Las recientemente anunciadas alianzas entre la Dimayor y la Bundesliga alemana y la Liga de China no pueden traer sino resultados positivos. Viajar a conocer modelos exitosos por el mundo es la única manera de abrir la mente a la innovación. La inminente implementación del VAR, que se aplazó no porque no estuviera listo técnicamente sino porque es mejor que los árbitros estén familiarizados con él a través de horas y horas de ensayo que hicieron falta en la Conmebol para implementarlo en la Copa Libertadores, demuestra que en Colombia estamos a la par con lo que pasa en el mundo. El hecho de que la Dimayor cuente con un presidente con habilidades en materia política garantiza que se busquen buenas relaciones con el Gobierno que bien encauzadas resultarán en beneficios para los equipos y en consecuencia para los hinchas.

Por eso, tumbar al presidente de la Dimayor de su cargo, como pretenden algunos clubes, sería una terrible muestra de inestabilidad institucional en una entidad que hoy tiene buenas relaciones con la Federación, el Gobierno, los futbolistas y buena parte de la hinchada. Al final todo se reduce a lo de siempre: quieren más dinero. Tienen derecho y seguramente va a aparecer la fórmula que los deje tranquilos, pero ojalá también comiencen pronto a hablar de deberes, sobre todo los clubes cómodos, que curiosamente son los golpistas.

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