Por: José Roberto Acosta

Tumbis fiscal

La devolución del IVA, que no es otra cosa que un beneficio fiscal, fue objeto de la rapiña de corruptos burócratas, según denunció el Gobierno.

Ese mecanismo de devolución de impuestos, para supuestamente estimular a sectores económicos, se suma a otros beneficios como la exoneración de tributos por 20 años al sector hotelero, el no pago de impuesto de renta sobre utilidades reinvertidas y la disparada de licencias de zonas francas desde el año 2007. Sobre esta última modalidad de beneficio tributario, como lo reconoce un documento publicado por el Banco de la República (11 de mayo), se afirma que “genera un tratamiento inequitativo frente a las actividades económicas que se desarrollen por fuera de ellas… con lo cual se genera un problema de asignación de recursos”.

El entramado fiscal es la fuente no sólo de penosos casos de corrupción, sino también de negocios privados disfrazados de política pública que favorecen a unos pocos, dizque para promocionar el empleo y el crecimiento, sin embargo, como lo reconoce el mismo estudio citado, “desde el punto de vista económico llama la atención el bajo nivel de ejecución de los compromisos adquiridos en materia de inversión y de empleo, especialmente en el caso de las zonas francas permanentes”.

Un modelo tributario, concentrado en exenciones al capital, despreciando con gravámenes parafiscales sobre la nómina e ineludibles retenciones en la fuente sobre salarios, que castigan el grueso de individuos que con su dependencia laboral son verdaderamente quienes mantienen viva la demanda agregada de la economía, es un modelo insostenible, como lo sufren los norteamericanos.

Es precisamente el desmonte de esa estructura de beneficios al capital y a las corporaciones lo que esté en el fondo del debate, entre demócratas y republicanos, sobre la ampliación del techo de la deuda pública del coloso del norte. No dudo que se aprobará, pero después de un innecesario desgaste que ya está costando pérdidas en los mercados y un deterioro de la confianza pública, que es muy difícil de recuperar después de tantos “tumbis” fiscales, como los montados con la falacia del estimulo de empleo y crecimiento que nada que se ve.

 

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