Por: Alberto Donadio

Turbay y Carrasquilla

Le pidieron al presidente Julio César Turbay Ayala una palabra empezada por hiper. Turbay dijo: Droguería. Le replicaron: Presidente, tiene que ser por hiper como hipertenso, hipérbole, hipertrofia. Turbay insistió: ¿No han oído hablar de droguería y perfumería? La infinidad de chistes que generó Harmano Gulito, como lo llamaba Klim, no es su única contribución a nuestra historia republicana. También se cuentan el Estatuto de Seguridad, las golpizas a los jesuitas del Cinep, el Polvorete que bailó en el Club del Comercio de Cúcuta y la Revolución del Agua Potable. Turbay prometió que en su gobierno (1978-1982) todos los municipios del país tendrían acueducto.

Es claro que esa revolución no se hizo. Lo que no se entiende es cómo tres decenios después Alberto Carrasquilla revivió el espejismo de Primer Promesero Manzanillo de nuestra historia con el programa de los bonos agua. Que también fracasó, por supuesto. Porque en el asunto que se plantea frente a las actuaciones del ministro de Hacienda el meollo no fue el lucro que hubiera conseguido Carrasquilla como particular con su firma Konfigura. Lo esencial es entender por qué quiso atarse al cuello la autoría de un esquema que estaba destinado a fallar.

Proponerles a 117 alcaldes que recibieran créditos para invertir en acueductos y saneamiento básico con tasas de interés más altas que las del mercado y con prohibición de prepagar los préstamos no era un esquema viable. Un prestamista que no le permite al deudor prepagar el capital no obra de buena fe. Los clientes del sistema financiero tienen siempre el derecho de prepagar los préstamos.

No se tuvo en cuenta que llegar a un municipio pobre o rico y ofrecerle al alcalde de turno que recibiera $2.000 o $5.000 o $10.000 millones comprometiendo recursos futuros no garantizaba la construcción del acueducto. Como sucedió en muchos casos, los alcaldes aceptaron el dinero y la deuda, se gastaron la plata en obras inconclusas o en otras cosas y le dejaron el lío al sucesor. En 2014 el Gobierno tuvo que salir al rescate de los municipios a un costo de $440.000 millones.

Esa es la gran responsabilidad de Carrasquilla, no sus honorarios como asesor financiero ni sus compañías de Panamá. Lanzó un programa destinado al fracaso. Pecado imperdonable en quien supuestamente conoce las finanzas públicas.

Esto dijo Carrasquilla hace cuatro años cuando su sucesor, Mauricio Cárdenas, tuvo que limpiar su embarrada: “Bajo el irrespetuoso prurito de que los alcaldes y concejales son ineptos técnicamente, incapaces de ejecutar obra alguna, o en su defecto, que son personajes estructuralmente corruptos, se fue construyendo toda una leyenda”. Sería un gran negocio exportar a Carrasquilla a los Estados Unidos. En la Casa Blanca siempre hay vacantes para asesores que niegan la realidad.

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2018-09-14T05:00:31-05:00

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2018-09-14T12:37:06-05:00

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