Por: Gustavo Páez Escobar

Turbión en el Quindío

La decadencia del Quindío viene de años atrás. Siendo el “departamento piloto de Colombia” hace 51 años, ha pasado a ser una región deprimida en el aspecto económico, e inmoral en el ejercicio administrativo de algunos de sus gobernantes. La nómina de líderes notables que consiguió, primero, la emancipación de Caldas, y luego hizo florecer el nuevo ente territorial durante varios años, está desdibujada en nuestros días.

A un dilecto amigo de la región le he comentado que el problema actual del Quindío obedece a la falta de líderes. Esa nómina, que fue de lujo, se dejó extinguir y no fue remplazada. Como consecuencia, vino la improvisación de nuevas figuras de la política, hecho que se suma a su falta de vocación para el servicio público y a sus ansias de poder y riqueza. Todo esto llevó a los casos de corrupción que se han destapado en estos días.  

Entre los años 2012 y 2015 se presentó un curioso matriarcado en los cargos de gobernadora del Quindío y alcaldesa de Armenia, Sandra Paola Hurtado y Luz Piedad Valencia. Durante sus mandatos se mantuvieron en permanente discordia, olvidándose del bien común para el que fueron elegidas. Ambas, en las recientes elecciones legislativas, perdieron las curules a que aspiraban en el Congreso. Esto constituye una lección, tardía pero moralizadora.

La exalcaldesa Valencia acaba de ser capturada, junto con otras cinco personas, entre ellas su esposo, acusados de haberse apropiado de por lo menos 22.000 millones de pesos en el “carrusel de los contratos” adjudicados para un presunto plan de obras por valorización. Por su parte, la exgobernadora Hurtado fue inhabilitada por la Procuraduría a causa del otorgamiento de seis contratos sin el cumplimiento de los requisitos legales. En ellos intervino ‘Toto’, su novio, hombre detrás del trono. Diríase que estas damas convirtieron la hacienda pública en sus haciendas privadas. Hasta aquí llegó la feria de las vanidades.

El café, que fue el eje de la economía regional, registra la peor crisis desde la creación del departamento. Los costos de producción y los bajos precios del grano en el mercado volvieron ruinosa esta actividad. En vista de eso, ha comenzado a sustituirse el café por el aguacate Hass, que ofrece superior rentabilidad. Ojalá esta fórmula no se convierta en un consuelo aleatorio.

CLUB DE LOS SUICIDAS. En artículo de mayo de 2017 me referí a esta entidad que operó en Armenia en los años 30. La consigna era el suicidio, y a quien le llegaba el turno debía cumplir su palabra. Si la rehusaba, era asesinado. Así, desaparecieron alrededor de 100 personas. La rata de suicidas de la actualidad, una de las más altas del país, estremece a la sociedad quindiana. Es un problema de salud pública.

Leí en estos días el cuento titulado El club de los suicidas (1878), de Robert Louis Stevenson, escritor escocés que vivió entre los años 1850 y 1894. Y descubrí que el reglamento de ese club era similar al establecido en Armenia años después. Esto indica que de aquel cuento se tomó la idea para crear el macabro organismo quindiano.

El Quindío está de malas después de tanta prosperidad. Va de tumbo en tumbo, y parece no detenerse su cadena de desastres. Ojalá algún poder providencial lo regrese a la época de bienandanza que representó su creación como departamento ejemplar. Me duele el Quindío, tierra a la que me une profundo sentimiento de afecto y solidaridad.

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