Por: Gonzalo Silva Rivas

Tures gastronómicos

De un tiempo para acá los tures gastronómicos se identifican como una tendencia posicionada en las más importantes ciudades del mundo, que va más allá del placer que genera saborear un excelente plato.

La realización de visitas guiadas a restaurantes especializados para degustar los sabores locales constituye una grata y divertida experiencia de la que mucho disfrutan los amantes de la buena comida.

De habitual ocurrencia en regiones de España, Francia, Portugal, Italia o Alemania, no son ajenos en algunos países latinoamericanos como México y Perú, donde centenares de turistas y aficionados a la comida se programan diariamente para recorrer y descubrir la cultura y tradición nacionales a través de sus famosas y variadas cocinas, declaradas patrimonio inmaterial de la humanidad. El fenómeno acaba de llegar a Buenos Aires para insertarse y ponerse de moda entre visitantes y residentes.

Los tures son una alternativa turística moderna en la que participan establecimientos que sirven de estaciones estratégicas de animados recorridos por lugares de interés para que los viajeros puedan percibir lo más caracterizado del punto de destino, teniendo como eje articulador los productos, sabores y olores de su gastronomía. Se desenvuelven dentro de ambientes y entornos acogedores en los que bien pueden fusionarse elementos adicionales como música, arte, tradición, historia y lúdica.

Escenarios semejantes tienen un positivo efecto socializador al permitírseles a los comensales conocerse y relacionarse, aprovechando ese toque informal pero interesante y entretenido que ofrece un programa de varias horas, cuyo plato fuerte, la atracción principal sin duda, es la particular experiencia culinaria que motiva el encuentro, casi siempre con la participación y complicidad activa del chef. En esta propuesta la gastronomía va más allá de la formal carta de menú dispuesta en cualquier negocio de restaurante u hotelería.

El turismo gastronómico año tras año gana adeptos en el mundo y va dando forma a una especie de cofradía de verdaderos devotos de la cocina que no dudan en viajar adonde sea para experimentar la particular esencia de las comidas y exquisiteces típicas y auténticas. Por lo general son turistas de buen nivel cultural dispuestos a enriquecer sus conocimientos y cuyo aporte en materia de divisas resulta más productivo que la del viajero corriente.

En Colombia algunos restaurantes, especialmente de Antioquia, proyectan ocasionalmente programas parecidos, y Acodrés congrega en Bogotá a empresarios de provincia que son capacitados por chefs reconocidos sobre tendencias de comidas regionales y especializadas para fortalecer su competencia frente a la demanda turística. Empero, la gastronomía nacional aún no se coloca la camiseta amarilla del “tour”.

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