Por: Gonzalo Silva Rivas

Turismo con "pico y placa"

Ad portas del pitazo inicial de la Copa Mundial Sub 20 de la FIFA, a la que vendrían unos 35.000 extranjeros, según el Ministerio de Comercio, las ciudades sedes del evento donde existe restricción vehicular de "pico y placa" deberían considerar un aspecto que pesa sobre la percepción que los visitantes puedan llevarse del país: su movilización.

Ante la precariedad del servicio de transporte público colectivo de buses y busetas y la circulación por las vías de buen número de taxis que transitan sin licencia, elementos que configuran un caótico escenario de incomodidades e inseguridad, podría aplicarse una excepción de la medida para los automóviles de alquiler, por lo general la primera alternativa que contempla un turista cuando tiene la disposición de disfrutar de un destino sin amarras ni compliques y desea aprovechar al máximo cada día de su estancia.

La restricción existente para autos de alquiler es controvertible por cuanto el sector está enmarcado ante el Ministerio como de servicio de vehículos para turismo y su cuota de circulación representa bajísimo porcentaje, menor aún que el de los cuerpos de escolta. En el caso de Bogotá se calcula que en las buenas épocas apenas si rondan por las calles unos 250 automóviles rentados.

El alquiler de autos en Colombia es una práctica preferencialmente utilizada por visitantes, ejecutivos y turistas que carecen de contactos familiares o personales y que deben desplazarse por o entre ciudades por determinados períodos. Pero este servicio se convierte en dolor de cabeza para empresas y usuarios en razón del “pico y placa”.

Para el turista carece de sentido tomar en arriendo un vehículo que debe guardar en parqueadero dos días a la semana o, en el mejor de los casos, si la empresa permite la sustitución –algunas lo hacen, excepto en las épocas de temporada- le genera obligados costos por desplazamiento hacia la empresa rentadora. A ésta tampoco le favorece tener ociosa parte de la inversión, exigencia que puede representarle pérdidas hasta del 30%.

En Bogotá la medida se transformó en “día y placa”, con el argumento, hace tres años, de que sería transitoria hasta 2011, mientras se ejecutaban las obras viales de la fase tres de Transmilenio, cuyo atraso sigue siendo objeto de aguda controversia y ninguna definición jurídica, a raíz del llamado carrusel de la contratación, explosiva mezcla de politiquería, amiguismo y corrupción. El “pico y placa” no ha sido solución real de movilidad en ninguna ciudad del mundo y en México D.F. aplica un desmonte a la restricción de automotores turísticos.
Una contribución al turismo durante la fiesta del fútbol sería sacarle tarjeta roja al “pico y placa” para automóviles de alquiler.

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