U, V, W pero jamás por KO

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Hoy en Colombia estamos viviendo un episodio postraumático del COVID-19. Con esto quiero decir que lo peor en materia de salud, lo vamos controlando, pero no lo hemos terminado. Por ejemplo: la tasa de fallecimientos es sustancialmente menor a la de los pacientes que se recuperan. La mayoría de los focos de la pandemia están focalizados por las autoridades y, lo más importante, al compararnos con el resto del mundo y la región latinoamericana vemos que la aproximación sanitaria del virus nos está ayudando a salir de la tormenta. No vemos el puerto, pero el barco tiene los suficientes arrestos para llevarnos hasta un muelle.

Ahora la cabeza de cada colombiano comienza a mirar alrededor de su diario vivir. Saber si tiene empleo, cómo pagar las deudas aplazadas por el Estado que en algún momento habrá que cumplir mientras que los servicios públicos siguen marcando. Los empresarios no ven con claridad el futuro de su negocio, hay alivios estatales, pero la realidad a veces es más dura que la fórmula matemática de un burócrata. Y ni que hablar de las deudas del país con la banca mundial. El gobierno del presidente Iván Duque ha hecho lo que un mandatario debe hacer cuando enfrenta una crisis de esta magnitud: saber escoger. La decisión cuestionada por algunos al inicio de su gestión de tener un gabinete demasiado técnico y alejado de las relaciones meramente políticas nos tiene hoy con un camino para resolver lo que según los británicos será la peor recesión en tres siglos.

Comenzar a aliviar los sectores más desfavorecidos y destinar todos los recursos de la nación para fortalecer el sistema de salud fue un primer paso. El segundo fue tranquilizar la estabilidad de las pymes y los empresarios con la destinación de seis billones de pesos para “hamacar” el tifón endemoniado del coronavirus contaminante también de lo económico. Para algunos ha sido poco, para otros algo. Lo que no podemos desconocer es la forma táctica (en una situación como esta nadie sabe de estrategia, miren al máximo líder de occidente). Bajo el liderazgo del equipo gubernamental alineó a los mandatarios locales y los gobernadores para entre todos diseñar las mejores condiciones porque, como bien la describió el papa Francisco, “en esta barca estamos todos”.

Qué sigue es la gran pregunta. Para algunos lo necesario y urgente es poner la “máquina de hacer billetes” a todo vapor. Más aún, mantenerla así el resto de la epidemia y postcoronavirus con los consabidos problemas posteriores que son, entre otros, la socialización de las pérdidas. Esperemos no llegar a eso por las consecuencias futuras, aunque algunos dirán “para eso existe el Estado”. La otra, en la que estamos, aprobar estímulos focalizados en los sectores vitales para reactivar la economía y no dejar apagar nuestro aparato productivo como lo sugieren algunos nostálgicos que quisieran con la ideologización de la protección de la vida (como si ésta fuera patrimonio político exclusivo de ellos) echar por la borda la subsistencia de los trabajadores colombianos y del tejido empresarial que con tanto esfuerzo ha construido el país. ¿A veces algunos quisieran sacar provecho de la propia tormenta?

Lo verdaderamente difícil cuando la brújula detecte el fondeadero final de este intempestivo viaje será definir los tiempos de la recuperación hacia lo que, en marzo de este año, definíamos como “una nueva normalidad”. Algunos sostienen que puede ser en U, o sea una caída complicada con una recuperación o estabilización lenta y una subida progresiva y gradual. Otros pronostican que podemos hacerlo en V, es decir después de esta vertiginosa caída vamos a rebotar con igual intensidad y podemos crecer mucho y en poco tiempo. Hay otro grupo de economistas que sugieren que será en W, es decir con subidas y caídas igual de vertiginosas pero repetitivas hasta estabilizar el sistema económico.

Lo único deseable es no perder por KO.

@pedroviverost

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