Por: Angelika Rettberg

¿Un actor político viable?

Creo que fui la única que llegó optimista a la oficina el jueves pasado para comentar el acto de instalación de las mesas de diálogo en Oslo. Y no porque crea que la paz esté a la vuelta de la esquina o que será sencillo negociarla.

Llegué optimista porque vi en las FARC un embrión de actor político viable. Sí, irrespetuoso, exagerado y confrontacional. Definitivamente no alguien por quien yo votaría. Pero el contraste es notorio con lo que tuvimos que escuchar (¿aguantar?) hace una década en plenas conversaciones del Caguán: ¿Alguien se acuerda de las diatribas del Mono Jojoy? ¿De la precariedad de los planteamientos de los comandantes ávidos de dar declaraciones a los sumisos micrófonos? ¿De la actitud soberbia y displicente de los comandantes en las así llamadas “audiencia populares”? En contraste con aquello, el discurso de Iván Márquez me pareció notoriamente alineado con las preocupaciones de nuestra época: Mencionó la minería seis veces, mencionó el desarrollo agrario, habló del sistema financiero, y hasta invocó a la ONU. A Marulanda sólo se refirió en sus saludos y nos ahorró los detalles del ataque a Marquetalia.

Estas FARC, en contraste con las del Caguán, no me parecieron anacrónicas sino adaptadas al discurso mainstream de la oposición al sistema global. Allí se pueden encontrar con fuerzas políticas civiles que hace años promueven el debate civilizado en torno a estos temas, muchas de ellas con representación en los órganos legislativos y en movimientos sociales nacionales e internacionales. Esta es otra interesante transformación que pudo producirles a las FARC una década de golpes militares, reestructuraciones y revisiones internas.

Quienes estudian negociaciones de paz saben que los discursos—sobre todo los de instalación—están dirigidos tanto a las contrapartes en la mesa pero, sobre todo, a los miembros del grupo propio. En ésta, su primera oportunidad en una década de dirigirse a un público nacional e internacional, las FARC no iban a hablar de entrega de armas ni iban a desperdiciar la oportunidad de sentar posiciones en torno a un amplio repertorio de temas que les permitirá ganar eventuales adeptos y apaciguar probables críticos internos a la organización. Y es que debe haber montones de combatientes farianos temerosos de dar el paso a la negociación y a una eventual desmovilización al ver que se discute la reglamentación del Marco Jurídico para la Paz, que está en juego su participación en el negocio del narcotráfico, y que el más severo de los verdugos, el apoyo popular, es esquivo, volátil y exige rendición de cuentas. Por lo que optaron fue un planteamiento político, que proteja su dignidad frente al gobierno y su credibilidad frente a los miembros de su organización. Y, de paso, parecieran estarse preparando para las próximas elecciones.

 

* Angelika Rettberg, directora y profesora asociada Departamento de Ciencia Política Universidad de los Andes

 

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