Un acuerdo nacional y racional

Noticias destacadas de Opinión

Había un solo modo de controlar la pandemia, y en Colombia no fue posible utilizarlo.

A seis meses de iniciarse el proceso, hay un grupo de países que han logrado el menor número de muertos por millón de habitantes, y también el menor daño económico: estos fueron los países que aplicaron de inmediato las medidas para impedir la multiplicación de los contagios.

Corea del Sur, Singapur, Nueva Zelanda, Dinamarca, Grecia, Canadá, Islandia, Israel, Cuba, Uruguay… identificaron y aislaron a los primeros pacientes para evitar las cuarentenas, y han logrado mantener la tasa de contaminación por debajo del nivel crítico (cada contagiado contamina menos de una persona; Ro <1,0).

Estos países comparten otras características que facilitan el control del virus: algunos de ellos son islas, todos tienen sistemas de salud universales, no se ha politizado la pandemia y —el punto crítico— la casi totalidad de la gente ha practicado las medidas sanitarias.

Algunos otros países industrializados (China, Italia, España…) tardaron en usar las herramientas básicas (testeo, aislamiento, seguimiento de contactos), tuvieron muchos muertos y se vieron forzados a parar la economía. Su riqueza, sin embargo, les permitió recuperar el control y empezar a reabrirse sin dejar que la curva se dispare.

Por las razones que fueran, Colombia tardó un poco en aplicar las medidas de rigor (cierre de aeropuertos, testeo, aislamiento...), y la tasa de contaminación se mantiene por encima del nivel crítico. La situación varía por supuesto de región a región, y es posible, como dice el presidente, que la mortalidad aquí sea o acabe siendo menor que en otros países.

Pero el punto no es ese. El punto es que, al pasar del nivel crítico, la sociedad y el Gobierno inevitablemente se convierten en parte del problema: si los contagios aumentan, le economía tiene que cerrarse, pero el cierre es cada vez menos sostenible, la economía se reabre y la pandemia vuelve a tomar fuerza.

Algunos llaman eso “la estrategia del acordeón”, cuando en efecto es el virus que hace uso del Gobierno para seguir su camino. La sociedad ayuda al virus al exigir con razón que se reabra la economía, lo cual obliga al alcalde a reimponer la cuarentena… y así quedamos todos cabalgado en un tigre: es el tigre quien manda.

Pero es posible que “los gremios” y “los salubristas” lleguen a un acuerdo racional y ajustado a las posibilidades del país. No tenemos las pruebas de laboratorio, ni los ventiladores, ni la riqueza suficiente para subsidiar a los desempleados o a los miles de empresas, pero en cambio tenemos otros recursos que, además —y si faltara—, han demostrado ser aún más eficaces.

Me refiero ante todo a la cultura ciudadana. Si toda la población tomara las medidas para evitar el contagio, la pandemia desaparecería en dos semanas. Si queremos evitar las cuarentenas, necesitamos convencer a cada colombiano de que utilice bien un tapabocas, se lave las manos y guarde la distancia que la vida le permita. En vez de los mensajes cruzados y aburridos, necesitamos ideas creativas y mimos en las calles explicando que en Transmilenio no se habla, policías que repartan tapabocas en lugar de comparendos, y encuestas para saber cómo es posible convencer a un joven para que se sacrifique en beneficio de personas más viejas.

En vez de criticar a los salubristas, los gremios podrían dedicarse a que los empresarios convenzan a sus trabajadores, más todavía, a asesorarlos y a canalizar recursos para que todas las empresas formales e informales adopten las medidas de bioseguridad que son el otro modo de frenar la pandemia.

Sumar esfuerzos para minimizar las muertes y los daños mientras llegan la vacuna o el remedio. Es el camino que le queda a Colombia.

* Director de la revista digital “Razón Pública”.

Comparte en redes: