Por: Hernando Gómez Buendía

Un acuerdo secreto y vergonzoso

O todos en la cama, o todos en el suelo.

Todos pensamos que justicia es darles el mismo tratamiento a las personas que han hecho las mismas cosas.

Es injusto, por eso, que un pobre pague más impuestos que un rico, o que un ladrón quede impune mientras el otro se pudre en la cárcel. Más injusto, si cabe, sería ver en prisión a los soldados que arriesgaron su vida para defendernos, mientras los narcoterroristas de la Farc despachan desde el Congreso.

Y sin embargo la justicia no se reduce ni es siempre lo mismo que la igualdad. Por ejemplo hay situaciones donde “justicia” más bien significa desquite, o equidad, o reglas de juego balanceadas, así las dos personas no acaben en la misma situación.

Este también es el caso de la “justicia transicional”, que por definición consiste en no tratar como iguales delitos que son iguales. ¿O alguien diría que un acuerdo de paz con algún grupo armado implica perdonar o rebajar las penas para todos los homicidios callejeros o los robos ordinarios que se hayan cometido en el país durante años?

La justicia transicional consiste en ofrecer un castigo menor del que impondría la justicia ordinaria, precisamente a cambio de que el delincuente desista de la violencia. Hablando con rigor, se trata de un chantaje que el Estado tiene que aceptar porque no fue capaz de capturar a los culpables o porque el costo social de continuar la violencia es demasiado alto.

Por eso el Estado que encarna la justicia y representa a las víctimas tiene que ser tan duro como le sea posible en la negociación. Y antes que eso: no puede negociar sino sobre la base explícita de que la contraparte dejará de cometer los crímenes que ha venido cometiendo.

De eso se trata el proceso de La Habana: de que las Farc dejen de asesinar, secuestrar y volar oleoductos, así tengamos que resignarnos a que no paguen por todos sus delitos. Pero esta no es la situación de los militares, policías, funcionarios, empresarios y políticos que cometieron crímenes no menos graves (masacres, desapariciones, despojos masivos): ninguno de estos sectores está amenazando al Gobierno con más acciones violentas si no les perdona o les rebaja las penas.

Ni siquiera han admitido que ellos estén detrás de todos esos crímenes. Y por eso, por “injusto” que parezca, la justicia transicional sencillamente no puede extenderse a los agentes del Estado ni a sus jefes y sus cómplices mientras no pongan la cara y nos expliquen cómo van a desmontar su aparato de violencia.

Aprovecharse de La Habana para que “de una vez” sean perdonados los criminales que estuvieron “de este lado” no es un acto de justicia sino una afrenta grotesca a la justicia. Así lo haya propuesto Gaviria y estén de acuerdo Santos, Uribe, el procurador, el fiscal y cada uno de los directorios políticos.

Y al exigir ahora que esa justicia “no sea sólo para ellos”, los comandantes de las Farc se están sumando a este acuerdo vergonzoso.

* Director de Razón Pública.

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2015-08-07T15:33:22-05:00

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