Por: Laura Juliana Muñoz

Un amor entre peces y crustáceos

“El amor que no se toca, que no se pulsa, que no se huele, que no se templa ni se lame, que no eclosiona, es un amor irreal, o es amor entre peces y crustáceos”.

Y, sin embargo, es amor. Como el de dos desconocidos que se encuentran en sus sueños, el de un fantasma y la mujer que habita su casa, o el de un dios y una mortal.

En las historias de El amante fiel de medianoche y otros relatos (Taller de Edición Roca), de Sergio Ocampo Madrid, hay una forma de ir construyendo las rutinas del amor, por extraño que éste sea. Es como normalizar por medio de la literatura un suceso mágico y así engancharnos a él. Se trata de un juego. Así, en el cuento que le da el título al libro hay un final abierto en el que la incertidumbre nos incomoda, pero también nos conmueve. Luego viene una variación con el cuento Triste despertar de un amante a medianoche para contar más. Está la ironía del personaje que cree en lo que no existe, que se ha convencido de su propia mentira.

El hombre de la pequeña cicatriz sobre una ceja está escrito a dos voces. La primera se enfoca en la desgracia del fantasma que dice: “Si el infierno existiera debía ser una cosa como esta: vueltas y vueltas en sinfín, y no querer llegar a casa”, “el amor se descifra en las señales que se envían, pero también en las que se evaden o esconden. El amor se descifra en las palabras, pero aún más en los silencios”. La segunda, en la mujer, que poco a poco empieza a notar la presencia en su casa y, después, a sacarle provecho.

En Todos los que no fuimos poetas un hombre hace un recorrido, una despedida, por su biblioteca, cuando se entera de que va a morir pronto: “A los treinta dejé de creer en el diablo, a los cuarenta, en Dios y, llegando a los cincuenta, en todo lo demás”. Libros hay como personas, y en este caso son los que registran la vida del hombre. Libros que tienen rasgos únicos y, sobre todo, relatos propios. No los del autor o la escritura, sino del plástico que los abraza. Un libro sin su envoltorio “equivale a un libro que nunca nació, que nunca gozó el placer de ser poseído por un lector”.

Son los cuentos del anaquel donde se olvidan, la arruga en alguna página, el antiguo dueño y sus notas personales. Encontraremos que la mancha de café en un libro puede evocar la historia de un amor a primera vista, uno entre peces y crustáceos.

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