Por: Felipe Zuleta Lleras

Un año del proceso

Se conmemoró el viernes pasado el primer año desde que se suscribió el acuerdo entre el Gobierno y las Farc y, ciertamente, han sido unos meses realmente extraños. Hemos visto de todo, desde la entrega y desmovilización de los guerrilleros, hasta las denuncias de ellos diciendo que el Gobierno no les ha cumplido.

Así muchos no lo quieran aceptar, Colombia es un país distinto sin las Farc. El hecho de no levantarnos todos los días con el registro de los crímenes de la guerrilla, así lo demuestra.

Ahora bien, una de las características de nosotros los colombianos es que tenemos una memoria muy corta. Ya se nos olvidó el infierno en el que vivíamos hace tan solo cinco años. No nos acordamos de que las Farc cercaron a Bogotá e inclusive lograron hacer un atentado en la Casa de Nariño el día en que se posesionó el expresidente Álvaro Uribe Vélez.

Más de siete millones de víctimas dejó el conflicto armado de 52 años entre las Farc y el Estado, y a pesar de haberse detenido esa violencia, hay todavía personas que se oponen a todo lo acordado.

Hablar del proceso de paz necesariamente implica hablar del presidente Juan Manuel Santos, que entregó todo su prestigio y capital en este proceso. No desconocía el presidente Santos que sería admirado en el exterior y odiado en Colombia. Y se la jugó a fondo y lo seguirá haciendo hasta el último día de su mandato. El presidente es una estrella afuera del país y un villano adentro. Qué ironía.

Pasa el proceso ahora por un momento muy difícil, porque las Farc dicen que no les han cumplido y el Gobierno sostiene lo contrario. Nadie dijo que el cumplimiento sería fácil y por eso se estableció un lapso de diez años para lograr acometer todo lo suscrito en el teatro Colón hace un año.

Inclusive un periódico como el Washington Post el viernes sostuvo que el proceso está a punto de fracasar. Resulta un poco apocalíptico, pues tengo claro que Santos no dejará que eso pase, y mejor que sea así por el bien de los colombianos.

Nadie puede desconocer que las Farc ya no existen como grupo armado y que hoy están desarmados y desmovilizados. Por eso me cuesta mucho trabajo entender que haya tanto colombiano oponiéndose todavía al proceso, proceso que según expertos internacionales no tiene parangón con ningún otro acuerdo de paz en el mundo.

Nadie podía imaginarse que las Farc aceptarían someterse en algún momento a la justicia y a la Constitución del país, cuando combatieron al Estado por cinco décadas. Que la Justicia Especial de Paz tiene sus defectos, no hay duda. Pero hay que dejar que opere, si es que el Congreso no le sigue poniendo palos en la rueda, porque de no aprobarse la reglamentación de ese tribunal, ese sí sería el final de un acuerdo que no tiene reversa. Eso sería un problema sin salida, pues dejaría al país en manos de la Corte Penal Internacional.

Ojalá las cosas se enderecen, pues de lo contrario el país entraría en un caos que no tendría antecedentes en nuestra ya tormentosa historia.

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