Por: Óscar Sevillano

Un año después del plebiscito

Un año después del plebiscito que buscaba el apoyo de las mayorías ciudadanas en Colombia en favor de los Acuerdos de Paz con las Farc, se puede decir sin ninguna vacilación que para lo único que sirvió el llamado a las urnas es, en primer lugar, para demostrar que este país no está preparado para un posconflicto; en segundo lugar,  que no todos los que están con el Gobierno Nacional les gusta la idea de ver a los excombatientes en la política, y en tercer lugar,  que un proceso de paz, para que sea visto con buenos ojos, hay que comunicarlo bien, desde el momento en que este inicia.

No me explico en qué estaba pensando Juan Manuel Santos cuando se le ocurrió convocar a los colombianos a apoyar un proceso de paz con una guerrilla que no goza de buena imagen. Esa falta de cálculo del mandatario de los colombianos, sumada a las ganas de derrotar políticamente a Álvaro Uribe, le cegaron tanto,  al punto en que no le permitieron ver que para esto lo primero que se debía hacer  era alinear a su bancada en Senado y Cámara, lo mismo que a los mandatarios locales, concejales, ediles y diputados de los partidos de su coalición para que apoyaran a esta causa, cosa que no se hizo.

En segundo lugar, a Santos le faltó don de mando en su gabinete ministerial y en todo su equipo de gobierno para que desde el Gobierno Nacional se trabajara bajo esta causa. La mejor muestra de esto es el comportamiento de Germán Vargas Lleras, quien se mostró lejano e indiferente a los temas de paz, al punto en que hoy, que se encuentra en campaña política por la Presidencia de la República, da la orden a Cambio Radical de no apoyar lo que tiene ver con la implementación legislativa de los acuerdos de La Habana, utilizando a su fiel mandadero para estos fines, es decir, a Rodrigo Lara.

Como consecuencia de todo lo anterior, tenemos a una oposición encabezada por el Centro Democrático envalentonada, con pocas ganas de superar la victoria del “No”, queriendo obstaculizar todo cuanto se le ocurre, sembrando cizaña y lanzando insultos e improperios a todo el que se atreva a discutirles algo,  proponiendo de paso un referendo que busca acabar con los acuerdos de La Habana.

Lo que en un comienzo buscaba silenciar los fusiles y llamar a la reconciliación nacional sirvió para todo lo contrario, porque por la lentitud de la implementación legislativa de los Acuerdos de Paz,  la falta de eficacia del Gobierno Nacional para trabajar la reintegración de los exguerrilleros de las Farc, sumados a la constante cizaña que han sembrado tanto los miembros del Centro Democrático como los movimientos cristianos y algunos conservadores como el expresidente Andrés Pastrana, el exprocurador Alejandro Ordóñez y la exministra Marta Lucía Ramírez, han impedido que un año después el fin se cumpla.

Dudo mucho que la visita del papa Francisco haya servido para calmar los ánimos en Colombia y se acabe la polarización en la que estamos,  gracias a la falta de astucia política de un Gobierno Nacional que no supo comunicar los beneficios de la paz, y a una oposición de derecha  que, en medio de un oportunismo político, ha servido de piedra en el zapato para que Colombia supere la violencia armada.

No sé si este país se acostumbró a que las cosas estén mal, que le cuesta aceptar que uno de sus problemas, el que más le afectó durante los últimos 50 años,  en este caso, el conflicto armado con una guerrilla como las Farc,  se solucionó,  y que en adelante su preocupación debe ser el sanar las heridas que deja la guerra.

@sevillanojarami

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Óscar Sevillano

El regreso de las chuzadas ilegales

Violadores de niños, ¿cuestión de votos?

¿De dónde traen las drogas ilegales a Bogotá?

Los atracos en Transmilenio

Sí a la consulta anticorrupción