Un anticipo significativo

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Mahmoud Ahmadinejad ha provocado en América Latina una serie de declaraciones presidenciales dignas de la mayor atención.

Las de Luiz Inacio Lula da Silva merecen toda credibilidad. Así lo recomienda la tradicional seriedad en la conducción de la política exterior de su país. Las de Evo Morales y Hugo Chávez, cargadas de emoción personal y aparentemente cantadas al oído, indican por lo menos tendencias que no podemos ignorar.

Hace más de cuarenta años que un gobernante iraní no ponía su pié en territorio brasileño. El último que lo  hizo fue el Shah Mohammed Reza, de la dinastía Pahlavi,  agente notable de los intereses de los Estados Unidos en el Asia y figura involuntaria del jet set internacional. Ahora lo ha hecho un presidente simbólico de la revolución islámica, representante de un sistema dominado por factores religiosos, que a la vez se disputa con un reducido grupo de jefes de estado el primer lugar en el ranking de los oponentes a la primacía estadounidense.

El abrazo de oso de Luiz Inacio al pequeño Mahmoud no sería digno de reseñar -calor humano y tropical obliga- si no hubiese estado acompañado de una solicitud expresa a las naciones occidentales para que dejen de amenazar con castigar a Irán por su programa nuclear. Pero aún ello no sería de extrañar -respeto por la soberanía obliga-, si no hubiese ido acompañado de una recomendación de negociaciones que permitan una solución justa y balanceada a las diferencias que se advierten respecto de ese programa, y de una solicitud a favor del uso de mecanismos diplomáticos en busca de la paz en el Medio Oriente.

Evo, aparte de la reiterada confesión de su falta de experiencia en estos campos, se comportó como no le hubiera gustado que se comportara nadie frente a un poderoso extranjero de una procedencia diferente. Por ejemplo ante un gobernante de Washington que hubiese ido a financiar procesadoras de leche que le servirían a su país lo mismo que las de Ahmadinejad.

Hugo, veterano en corto tiempo de los arreglos con personajes ajenos al continente y lo más molestos posibles para el imperio que abomina, aprovechó la ocasión para declarar que Irán es ya una potencia, muchas gracias por el dato, sólo faltaba que él lo confirmara, y anunciar que Venezuela se convertirá pronto también en potencia, para equilibrar el mundo y hacerle contrapeso al capitalismo.

La gira del líder iraní por este continente parece ser un signo de los tiempos. Normalmente las expediciones persas se ocuparon en otras épocas de tratar de conquistar territorios de interés en el vecindario asiático y, cuando más, en los Balcanes. Ahora la gente se mueve por donde puede. Y va donde la reciban. Las solidaridades se despiertan según la coyuntura. Los factores de herencias históricas y culturales comunes no valen tanto en los afanes de buscar aliados, aunque éstos escriban en un alfabeto diferente. Por lo menos así son las alianzas de los gobernantes. Otra cosa es lo que digan los pueblos. Pero eso, a los líderes afanados por ejercer protagonismo universal no les interesa. 

Los anuncios de los anfitriones van dejando ciertas lecciones y huellas que permiten apreciar el camino que sus países tomen hacia el futuro. En el caso del Brasil, ahí se va viendo el comportamiento de potencia emergente con ganas de jugar en tableros no tradicionales, y que no desaprovecha ocasión para opinar sobre temas parecidos a los que tendría que conocer en el seno del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Ya se puede ver en qué sentido.

En todo caso, en las tres oportunidades, el que se sintió imperial fue Ahmadinejad. Apareció como un gigante objeto de envidias y admiración. También como un benefactor. Aprovechó para desafiar la valentía de Estados Unidos e Israel, a los que consideró incapaces de atacarlo, por falta de coraje. Y se regresó convencido de que la simiente de su revolución, basada en la ortodoxia de una fe escasamente conocida en el trópico del sur de América, puede dar algún día frutos como los que soñó el Ayatollah inspirador de la más reciente versión de su milenario país.

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