Por: Columnista invitado

Un aviso del cielo

Por: Alberto López de Mesa

En la madrugada del 14 de noviembre la luna estaba en su máximo perigeo, muy cerca de la Tierra. Mama Jacinto se despertó sobresaltado, llamó a sus nietos y les contó que acababa de tener una terrible visión: - “he visto a la Sierra invadida de monstruos, he visto incendios, tala de bosques y ríos secos. Yo sé qué significa este aviso” – dijo. Y les pidió encarecidamente que de inmediato buscaran a los líderes y mamos más importantes de los cuatro pueblos de la Sierra Nevada. Los muchachos renuentes al encargo pensaron que el viejo deliraba, pero él fue enfático: “¡partan ya mismo! ¡Necesito advertir a todos!”.

En efecto antes de cinco días llegaron a su rancho Juan Mamatacán y Ramón Gil de los Arzarios, Arregocés Conchacala y sus tíos de los Kogui, Danilo Villafane de los Arhuacos, Carlos Castro, cancuamo de Atanques, entre otros mayores de los cuatro pueblos.

Reunidos en el rancho de Mama Jacinto le escucharon lo que avizoró en sueños. Ya desde hacía meses varios mamos habían entendido que la Sierra puede entrar en un estado de reversa sin retorno (son demasiados títulos mineros y hay cientos de solicitudes más) por eso la advertencia de Mama Jacinto los apuró a convocar una movilización general de inmediato. Viajaron por los cuatro puntos cardinales advirtiendo en todos los pueblos la necesidad de hacerle conocer al país su preocupación logrando así una presencia masiva frente a la casa indígena de Valledupar, ocupando casi cuatro cuadras a la redonda en lo que llamaron “Movilización por la defensa de la identidad cultural y la conservación del territorio”. Allí permanecieron cientos de indígenas reclamando la presencia de autoridades nacionales, alarmando a las autoridades municipales que se vieron en la obligación de informar al gobierno central, hasta que el domingo 26 de noviembre se hicieron presentes el Ministro del Interior y el de Ambiente, directores de entidades entre otros representantes del gobierno central. Se firmó un acuerdo en el cual se comprometieron a declarar a la Sierra libre de minería, hidrocarburos y megaproyectos, aunque aún no dicen cómo ni cuándo. Los representantes del gobierno central procedieron sin entender la motivación de la alarma y menos el masivo sentimiento de protección al territorio expuesto por todos los presentes. No es fácil para un bunachi entender que un aviso del cielo captado por un mamo pueda movilizar a cuatro pueblos. La práctica del yuluka - búsqueda de la armonía- es un saber ancestral del cual comulgan los pueblos de la Sierra porque saben que de la interpretación que hacen los mayores de los signos del cosmos se pueden fiar mejor que de las nociones de desarrollo que proponen los gobiernos.

La movilización de los indígenas y su presencia por varios días en Valledupar son otra advertencia del pavor y la decepción que tienen muchos pueblos en Colombia frente a la afrenta internacional por la explotación minera.

La verdad, es que el gobierno ha hecho caso omiso de las consultas, de los referendos, de las manifestaciones y parece que la decisión de entregarle nuestro subsuelo, es decir el soporte de la vida natural, a las codiciosas multinacionales es una decisión y es una ruta del desarrollo que se le propone a las futuras generaciones.

Visionarios como Mama Jacinto deben ser tenidos en cuenta antes de que sea demasiado tarde.

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