Por: Arturo Charria

Un bloque contrahegemónico

Las seis objeciones que el pasado domingo hizo el presidente Duque a la ley estatutaria de la JEP permitirán la creación de un bloque de oposición capaz de hacer frente a las políticas de su gobierno. Este bloque, a diferencia de otras reacciones esporádicas que han tenido las decisiones del Gobierno, no estará integrado solo por un sector social, sino que logrará aglutinar la fragmentación de intereses por los que los actores sociales suelen movilizarse: estudiantes que salen a marchar por la reducción de su presupuesto, defensores de derechos humanos que reaccionan con indignación ante la negación del conflicto armado o trabajadores sindicalizados que protestan cuando ven amenazados sus derechos adquiridos. Todos estos sectores y muchos otros tienen como espacio de convergencia la comprensión de la paz como transformación social y no solamente como la ausencia de la guerra.

El reto que tendrá este bloque de oposición es administrar la fuerza que acumulará durante las primeras semanas y el tiempo para alcanzar resultados concretos a través de la presión de la movilización social que se viene. Sin embargo, el reto más grande estará en evitar la tentación de usar este capital social de cara a los cálculos electorales de octubre, pues la ausencia de Gustavo Petro y Ángela María Robledo durante la respuesta de la oposición resulta confusa y genera mucho ruido en términos de la unidad que el país requiere. No se trata de movilizar a la ciudadanía para ganar unas cuantas alcaldías y curules en los concejos, sino de develar el peligro de un régimen que está dispuesto a eliminar los derechos sociales que hoy garantizan, mínimamente, una vida más digna a millones de personas.

La derecha es un bloque sólido capaz de unificar su discurso y materializarlo en políticas que en unos meses nos pueden hacer retroceder décadas. Por eso, el reto es consolidar un bloque de oposición que tenga un carácter contrahegemónico y cuyo proyecto político no se limite a las coyunturas electorales. Este bloque tendrá que romper con la mirada binaria que intentará encasillarlo bajo el título de izquierda. Permitir que el debate se dé entre comunismo y capitalismo es llevar la disputa al terreno que quieren los sectores que hoy gobiernan el país y que al parecer olvidan el deber constitucional de gobernar y de defender los derechos de aquellos que no votaron por ellos.

Por ende, este bloque que se está conformando debe transmitir un mensaje amplio capaz de evidenciar lo que está en riesgo en términos cotidianos, lo que perdemos ante la pasividad con que asimilamos las decisiones políticas que poco a poco se vuelven parte del paisaje: como esas calles que un día amanecen cerradas con alambres de púas y simplemente dejamos de transitar por ellas, como si nunca hubieran existido. Karl Marx lo advirtió magistralmente: “Todo lo sólido se desvanece en el aire”. Por tanto, no hay nada que no pueda ser demolido y nada es tan sagrado que no pueda ser sometido a juicio.

Defender la paz como un bien común tiene implicaciones directas que afectan la vida de millones de colombianos: significa libertad de cátedra sin que el pensamiento crítico sea señalado, consiste en tener acceso a medicamentos a precios justos, implica que las personas puedan decidir sobre sus cuerpos como primer territorio de libertad. Una sociedad en donde la paz sea una práctica vital no permitiría el debate sobre fumigación con glifosato y la discusión sobre nuestro pasado violento no negaría la existencia del conflicto armado con múltiples responsabilidades. Esta es la hegemonía que hoy nos gobierna, este es el régimen al que resulta urgente confrontar.

@arturocharria

[email protected]

 

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Arturo Charria

¿Hacia una constituyente?

Cartas de amor

Por las aguas de la memoria

Al final de los libros

Sin aliento