Por: Armando Montenegro

Un buen alcalde

A medida que Bogotá se apresta a elegir a su nuevo alcalde, cada día es más claro que Enrique Peñalosa realizó una extraordinaria labor en los cuatro años pasados. Por encima de las falsedades y la obstrucción de una oposición mezquina, las cifras y sus realizaciones muestran que la ciudad mejoró en forma notable y, sobre todo, que se pusieron en marcha una serie de obras y proyectos de gran importancia para el futuro de los bogotanos.

El indicador del DANE que registra mejor el impacto de la obra de Peñalosa es la caída de la pobreza multidimensional, que llegó al 4,3 % de la población de la ciudad; el número más bajo de su historia. Gracias a ello, 114.000 personas salieron de la pobreza en los últimos años. Y lo más destacado es que este avance en Bogotá ocurrió al mismo tiempo que aumentaba la pobreza en el conjunto de Colombia.

Esta misma tendencia se observa en otras importantes materias: la ciudad ha creado más de 30.000 empleos en el último año cuando, en forma simultánea, desaparecieron más de 260.000 puestos de trabajo en todo el país, un fenómeno que ha causado, con razón, alarma entre los observadores. Por su parte, el crecimiento de la economía bogotana también es superior al del PIB nacional, fruto, especialmente, del notable impulso de las obras civiles locales.

La lista de obras sociales es extensa: 54 colegios construidos o intervenidos, 20 jardines infantiles, 150 canchas y muchos parques, decenas de centros de atención especializada para ancianos y personas discapacitadas, hospitales y centros de salud. Todo esto para atender a personas de bajos ingresos.

Un asunto que merece destacarse es la notable mejoría de la seguridad, fruto de una política distrital consistente y sofisticada. La tasa de asesinatos en Bogotá (homicidios por 100.000 habitantes) llegó a 12,7, cerca de la mitad del total nacional (posiblemente en ascenso en la actualidad), una cifra inferior a la de ciudades como Washington DC, Baltimore y numerosas urbes latinoamericanas. Se registran, además, bajas en casi todos los indicadores de robos de carros, bicicletas, almacenes y viviendas. Han subido, sin embargo, en forma significativa, los hurtos a personas, una fuente de justificada preocupación y descontento, en buena parte porque la justicia, al soltar rutinariamente a los capturados por la policía, en la práctica ha dado el mensaje de que estos delitos gozan de impunidad.

En materia de vías es difícil resumir la magnitud y variedad de las obras construidas y las que se pusieron en marcha en estos años: cientos de kilómetros de avenidas, calles, andenes y ciclovías; y decenas de puentes y viaductos. Esto, sin mencionar el metro, una realización que pone fin a más de 70 años de espera, un esfuerzo que, hasta última hora, sus enemigos quisieron frustrar (con tal de joder a Peñalosa estaban dispuestos a dejar a Bogotá sin metro).

La conclusión de cualquier observador objetivo debe ser que el gobierno de Peñalosa fue visionario, efectivo y con un perdurable impacto sobre el futuro de la ciudad. Las encuestas, sin embargo, indican que ha sido impopular, resultado, en alguna medida, de su estilo, pero también, en su mayor parte, de la mala leche, la desinformación y los ataques rastreros de sus opositores. Con el tiempo, gracias a la culminación de sus proyectos, su obra de gobierno será apreciada en toda su magnitud.

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