Por: Mauricio Botero Caicedo

Un camino tortuoso

EL GRAN DESAFÍO EN EL CAMPO energético en el gobierno de Santos y los sucesivos es recorrer el camino que nos aparte de la adicción a la energía sucia y nos vuelva adictos a la energía limpia. Colombia, con su enorme capacidad hidroeléctrica e importantes proyectos de biocombustibles, ha dado gigantescos pasos para reducir su dependencia en energía sucia, pero el país tiene el potencial para convertirse en el mayor exportador de energía eléctrica limpia del continente.

Puede ser conducente hacer una composición de lugar del panorama energético nacional: toda nación tiene una canasta de energía que va desde las renovables y limpias como la hidro, la solar, la eólica y la geotérmica hasta las más sucias y no renovables como el petróleo y el carbón. En el intermedio hay energías renovables con algún nivel de contaminación, como los biocombustibles y la nuclear; y las no renovables y menos sucias como el gas natural. El ideal obviamente es sólo utilizar energías limpias y renovables, pero esto no es técnicamente posible en un futuro inmediato. Sin embargo, es imperativo moverse en la canasta para que cada día tanto los generadores como los usuarios se alejen de las energías sucias y no renovables. En Colombia, por el lado de la oferta, la canasta energética primaria es petróleo con el 47,4%; gas natural con el 21,5%; hidroenergía, 13%; carbón, 8%; leña, bagazo, etanol y biodiésel, el 10,6%. Por el lado de la demanda, el transporte es el 36,5%; comercial y residencial, 27,4%; industrial, 22,9%; agropecuario, 5,5%. En Estados Unidos la canasta por el lado de la oferta es 35,3% petróleo; gas natural, 23,4%; carbón, 19,7%; energías renovables 7,7%, y nuclear, 8,3%. Por el lado de la demanda, el transporte es el 27%; industrial, 18,8%; residencial y comercial, 10,6%, y generación eléctrica, 38,3%. (La energía eléctrica en EE.UU. se reparte en lo industrial, residencial y comercial).

No hay que ser un genio para entender que el problema principal radica en la adicción del sector transporte al petróleo. De llegar a imponerse la energía eléctrica en este sector, muchos se preguntan con algo de razón si quemar combustibles fósiles en una térmica no es lo mismo que quemar estos combustibles en un motor de combustión interna. La respuesta en el caso del gas natural es no: en una térmica se pueden instalar mecanismos que reducen la contaminación de los combustibles fósiles y es más eficiente generar electricidad con gas y que sean electrones los que muevan el transporte, que los carros, buses y camiones de combustión interna quemen gas.

Para que Colombia pueda transitar el tortuoso camino de lo sucio y no renovable, a lo limpio y renovable van a ser necesarios profundos cambios en el entorno regulatorio -incluyendo bandas de precio y subsidios cruzados- que aseguren que el generador de energía sucia no renovable reciba el precio más bajo en la canasta de fuentes de energía, mientras que el usuario de esta misma energía sucia la pague más cara. Por el contrario, el generador de energía limpia y renovable debe recibir el precio más alto, mientras que el usuario debe pagar el precio más bajo. El Gobierno puede tener la certeza de que aquellos que tienen intereses creados en explotar y distribuir energías sucias no renovables van a poner todo tipo de talanqueras para que el camino sea lo más demorado y difícil posible. Los incentivos y desincentivos van a cambiar los patrones de uso de energía, cambio que va a implicar importantes inversiones en infraestructura en equipos que permitan transitar este camino. Lo que es claro es que los contribuyentes no debemos financiar las energías sucias. Los cambios que se deben producir serán objeto de próximos artículos.

 

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