Iván Duque: así fue su histórico triunfo en las elecciones presidenciales

hace 3 horas
Por: Mauricio Botero Caicedo

Un camino tortuoso II

EN LA TRANSICIÓN DE ENERGÍA SUcia y no renovable, como el petróleo y el carbón, a energías renovables y limpias —tema del pasado artículo— el Estado tiene un indelegable papel que desempeñar, pero no el de accionista de empresas explotadoras de energías sucias.

El Estado debe seriamente considerar escindir a Ecopetrol en dos empresas: la Ecopetrol actual, cuyo enfoque principal seguiría siendo las energías sucias y no renovables como el petróleo; y la Ecopetrol del futuro, con énfasis en energías renovables y limpias, pero manteniendo activa participación en el gas natural (que de las energías no renovables es la más limpia). La primera Ecopetrol, aprovechando la actual coyuntura de enorme liquidez en los mercados, debe ser vendida de inmediato. La segunda, la Ecopetrol del futuro, el Estado debe capitalizarla con parte de los recursos provenientes de la venta de la primera.

La discusión del momento sobre si hay o no una bonanza minera, o si este es un país petrolero o que produce petróleo es una discusión estéril. El sueño de todo país es exportar productos con valor agregado y, pudiendo muy fácilmente agregarles valor a las materias primas como el gas natural, no tiene sentido alguno exportar gas en vez de electrones. El Estado moderno debe ser un regulador inteligente y sensato, no un empresario mediocre.

En cuanto a la minería, especialmente aquella de cielo abierto, lo que debe primar es un detallado análisis de los costos y beneficios ambientales. El oro bordea los precios más altos de la historia, 1.250 dólares la onza: no tiene ningún sentido que el Gobierno les dé incentivos fiscales a estas explotaciones cuando el nivel de utilidades esperadas no requiere ningún tipo de apoyo gubernamental. Adicionalmente, todo parece indicar que esta minería, con uso intensivo de mercurio, abuso de las cuencas hídricas y deforestación masiva, puede tener costos bastante más altos que los beneficios. Los precios actuales de los hidrocarburos y los productos mineros le permiten perfectamente al sector privado adelantar los proyectos, incluyendo carreteras, oleoductos y gasoductos, sin recibir ningún tipo de apoyo o gabela, ya sea fiscal o ambiental.

Para la inmensa mayoría de los expertos del ámbito mundial, el futuro del transporte terrestre es eléctrico. Hay, sin embargo, varios interrogantes que resolver: ¿Se impondrán las celdas de hidrógeno que generan electricidad o serán las baterías de litio recargables las que prevalecerán? Una vez que se imponga la tecnología de almacenaje, ¿cuántos años tomará reemplazar el parque automotor de motores convencionales? Y en un futuro inexorablemente eléctrico, lo que es de vital importancia es crear incentivos correctos y serios para que el país esté a la vanguardia y no en la retaguardia, como usualmente lo ha estado. Un esperpento que debe ser desmontado de inmediato es el “Fondo de estabilización de precios de gasolina”, fondo que no sirve para nada distinto que darle oxígeno y liquidez al Gobierno. Se debe establecer es un mecanismo que, si le saca dinero al usuario, por lo menos que ese dinero se invierta en fomentar y financiar la transición de energía sucia a limpia. Por otra parte, los incentivos deben ser serios y no pañitos de agua tibia: autorizar la entrada de 400 carros híbridos y eléctricos libres de impuestos (en un mercado que se acerca a las 300.000 unidades año) parece un chiste. O se incentivan los carros limpios, liberándoles de impuestos indistintamente de dónde provengan y cualquiera que sea su número, o no se hace nada.

Apostilla: La izquierda fascista, argumentando ser depositaria de la verdad revelada, pretende coartar el derecho del ex presidente Uribe de ejercer su cátedra en la Universidad de Georgetown. ¡Sálvanos señor del nuevo totalitarismo!

 

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