Por: Mauricio Botero Caicedo

Un camino tortuoso III

NO VA A SER POSIBLE RECORRER EL camino de energía sucia no renovable a energía limpia renovable sin la activa participación del Estado, participación indispensable para crear e implementar los incentivos y desincentivos que esta transformación requiere.

Para que Colombia pueda transitar este camino, como lo mencionamos en un artículo anterior, van a ser necesarios profundos cambios en el entorno regulatorio —incluyendo bandas de precio y subsidios cruzados— que aseguren que el generador de energía sucia no renovable reciba el precio más bajo en la canasta de fuentes de energía, mientras que el usuario de esta misma energía sucia la pague más cara. Por el contrario, el generador de energía limpia y renovable debe recibir el precio más alto, mientras que el usuario debe pagar el precio más bajo.

El segundo cambio fundamental es el establecer a la mayor brevedad posible una red eléctrica inteligente, lo que en inglés denominan smart grid. La red inteligente implica cambios profundos en la generación, la transmisión, la distribución y el uso y la reutilización de energía. Las redes inteligentes pueden llegar a modificar el panorama energético nacional principalmente en tres campos: el primero es que permiten implantar el esquema de incentivos y desincentivos descritos en el parágrafo anterior, en donde se castiga tanto al generador como al usuario de energías sucias no renovables; y se premia al usuario y al generador de energías limpias y renovables. La segunda ventaja que pueden tener las redes inteligentes es que permiten la interacción de doble vía: es decir, el consumidor final tiene la posibilidad de ser productor de su propia energía, utilizando parte de ésta y vendiendo el excedente a la red. Para que esto sea posible se requiere un cambio importante en las relaciones proveedor —consumidor en que las empresas de energía tendrían la obligación de comprarle los excedentes a todo generador de energía limpia renovable al mejor precio del mercado para el tipo de energía que se esté negociando—. Si yo genero energía solar, limpia y renovable, porque decidí invertir en paneles solares, la empresa de energía tiene la obligación, no la discreción, de comprar toda la energía que yo quiera vender. Y el tercer gran cambio es que las redes inteligentes le permiten al usuario tomar decisiones racionales e informadas sobre las horas y el tipo de energía que quiere usar. El usuario puede poner a funcionar sus electrodomésticos (como las lavadoras) y cargar el automóvil es después de la medianoche, en donde los costos de energía deben ser los más bajos.

La transformación de lo sucio y no renovable a lo limpio y renovable tiene que partir de la base que los usuarios deben pagar por la contaminación que generan y debe existir una regulación seria al respecto. En el campo del transporte (que de lejos es el mayor consumidor de energía sucia no renovable), además de facilitar de manera inmediata la entrada —libre de aranceles y otros impuestos— de vehículos híbridos y eléctricos, el Estado debe suspender el subsidio a los combustibles fósiles como el diésel que terminan costándole al contribuyente cerca de $250.000 millones al año. Lo que tampoco tiene mayor sentido es que el Estado apoye el uso del gas vehicular, mecanismo que buena parte de los países están desmontando al darse cuenta que es más eficaz generar electricidad en la fuente del gas, que transportarlo para uso vehicular.

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Apostilla: Me reitero en la advertencia de que la izquierda fascista sigue tratando de imponer censura, conducta que es la piedra angular de los Estados totalitarios. El que albergue alguna duda, que lea las entrevistas del director del Cinep, padre Javier Giraldo.

 

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