Por: Felipe Zuleta Lleras

Un caso monstruoso

NADA ES MÁS REPUGNANTE Y DELEZnable que cualquier forma de discriminación en razón de sexo, edad, raza, creencias o religión.

El hecho de prohibir el desarrollo normal de una actividad a una persona aduciendo alguno de esos criterios, no puede ser menos que enérgicamente rechazado.

 En mi lista de posibles causas de discriminación nunca se me ocurrió incluir el caso que se supo esta semana en Bogotá y que literalmente produce asco.

Cómo es posible que el administrador de la piscina del Parque Simón Bolívar de Bogotá y quien trabaja para el consorcio llamado Piscinas decida de buenas a primeras no dejar entrar a las piscinas a los niños que padecen el Síndrome de Down, porque, según él, “los menores dejan contaminada la piscina después de sus entrenamientos”.

Y peor aun, la representante de ese consorcio presentó una tutela contra el Instituto de Recreación y Deporte para que prohíba definitivamente la presencia de los niños en las piscinas que ellos administran. La tutela, como era obvio, salió a favor de los menores, pero Piscinas sigue con el contrato.

Insto al Alcalde Mayor para que revoque este contrato al consorcio aduciendo violación a las normas de la Constitución y del Código del Menor. No pueden ser administradores de las piscinas del Simón Bolívar unos bárbaros que para discriminar a los menores con el Síndrome de Down, aducen que ellos contaminan y que por consiguiente, el consorcio se ve obligado al excesivo uso de químicos para mantener el agua limpia.

En Canadá las piscinas públicas son bastante comunes. Por ejemplo en Vancouver, una ciudad que no pasa de los 1,5 millones de habitantes, hay 14 piscinas públicas; en todas ellas he visto a niños con Síndrome de Down, minusválidos y ancianos.

Y jamás, bajo ninguna excusa, a autoridad alguna se le ha ocurrido siquiera pensar en prohibirle la entrada a un ciudadano. Y no lo hacen, primero porque todos los canadienses, a diferencia de algunos colombianos, han sido criados y educados para no juzgar, respetar, tolerar e impulsar a quienes no tienen las mismas ventajas que la mayoría. Si a un empleado de la ciudad se le ocurriera hacer algo parecido a lo que hizo el representante del consorcio Piscinas acaba, no sólo destituido, sino preso, por promover la discriminación, cosa que en Canadá es un delito y grave.

Como colombiano y bogotano, insto al alcalde Moreno a que dé una muestra de indignación y autoridad contra estos mercachifles del consorcio mencionado y les revoque el contrato. La plata de los bogotanos no puede alimentar bajo ninguna circunstancia el odio, el racismo, la discriminación. Siento vergüenza ajena con cada padre de familia que tiene un hijo con el Síndrome de Down y a estos niños les digo que cuentan conmigo en sus causas, pues no podemos tolerar que se presenten estos monstruosos casos de discriminación. El Alcalde Mayor tiene la última palabra.

* * *

Notícula.- Por el agobio natural que producen las amenazas de muerte, al igual que los improperios que los furibistas dejan en la sección de comentarios de este diario, le he pedido al director que por favor las elimine. No tolero que mientras quienes decimos lo que decimos lo hacemos de frente y bajo nuestra firma, una manada de anónimos rebose su bazofia en la web del periódico. Invito a los cobardes que amenazan escudados en el anonimato a que visiten la página de Presidencia, que allí su basura se mezcla perfectamente con las mentiras, embustes y las patrañas oficiales.

Felipezuleta.blogspot. com

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