Por: Manuel Drezner

Un centenario de Proust

“Por mucho tiempo me acosté temprano”. Esas son las primeras palabras de una inmensa obra maestra de la literatura, Por el camino de Swann, con la cual se inicia esa gigante creación que es En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust.

La razón de mencionar esto es que en estos días el mundo literario está conmemorando el primer centenario de la publicación de esa primera novela de la serie. La obra de Proust es invariablemente comparada con libros como el Quijote o Ulises, de James Joyce (para solo citar un par), no solo como culminación literaria, sino también como obra influyente en el desarrollo de todo el arte literario y eso explica los homenajes.

Proust a partir de esa pieza de panadería llamada magdalena inicia una desbordante serie de recuerdos que no sólo retratan toda una sociedad, sino que presentan igualmente una cantidad de tipos humanos claramente reconocibles y que reflejan en forma brillante las interioridades del espíritu del hombre. Proust supo como pocos adentrarse en las interioridades de la mente humana y el hecho de que estuviera marginado de la sociedad de sus tiempos por su doble condición de homosexual y de judío le permitió hacer sus observaciones en forma casi imparcial, como persona que ve pero que no juzga. Todo eso obliga a leer esas obras en forma cuidadosa y meditando lo que se lee, un reflejo de la importancia de lo que escribió Proust.

Las celebraciones que el mundo literario está haciendo a este importante centenario son variadas y van desde eruditos estudios donde una vez más se analizan las inagotables percepciones proustianas hasta la lectura por etapas en voz alta del libro (igual que hacen con Ulises de Joyce). Igualmente hay exposiciones relacionadas con Proust e incluso el prosaico homenaje de panaderías en diversas ciudades que han horneado un bache especial de magdalenas.

Para quienes amamos la obra de Proust no son necesarios pretextos para hundirnos en sus inmensidades, pero quienes no han tenido la experiencia de conocer a este autor único, aquí hay un pretexto, para no decir una oportunidad, de comenzar a conocer uno de los pináculos de la literatura de todos los tiempos, una obra que es una de las culminaciones del espíritu humano.

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