Por: Daniel Emilio Rojas Castro

Un collar de perlas

Así se conoce una de las teorías que estudia la política exterior de China en el océano Índico.

El collar de perlas sería una red de puntos comerciales y militares que se extiende sobre las rutas marítimas chinas del mar Arábigo, el golfo de Bengala y el mar de China Meridional. La hipótesis básica es que China está construyendo relaciones estratégicas con varios países para garantizar su abastecimiento petrolero en los próximos años (China importa el 70% del petróleo que consume de Oriente Medio y África oriental y en las próximas décadas se prevé un aumento sostenido de esa demanda). La construcción y el financiamiento de grandes obras de infraestructura, la profundización de las relaciones diplomáticas y comerciales con Pakistán, Sri Lanka, Tailandia, Camboya y Bangladés, y la modernización de las fuerzas navales harían parte de un esfuerzo coordinado para proteger los intereses energéticos y fomentar los objetivos de defensa del gigante asiático.
 
La teoría del collar de perlas surgió en un informe que la consultora Booz Allen Hamilton le presentó al secretario de Defensa de EE.UU., Donald Rumsfeld, en el año 2005. El informe señalaba que el gobierno chino había instalado un punto de monitoreo del tráfico marítimo del mar Arábigo y del estrecho de Ormuz en el puerto paquistaní de Gwadar, muy cerca del golfo Pérsico, y que poseía otros en las costas de Myanmar y en varias islas de golfo de Bengala.
 
Otras “perlas” que harían parte del collar incluirían al istmo de Kra, al sur de Tailandia, donde se previó la construcción de un canal marítimo para evitar el paso de los navíos petroleros chinos por el estrecho de Malaca (controlado por la fuerza naval de EE.UU.); las ciudades portuarias de Kyaukpyu y Sittwe, en Myanmar, que acogerían proyectos de infraestructura vial, petrolera y portuaria; Hambantota, en Sri Lanka, ciudad costera en la que un banco y varias firmas de ingeniería chinas construyeron un puerto de aguas profundas, y Puerto Sudán, en Sudán, donde China financia la construcción de un ferrocarril que uniría a dicho puerto con Jártum y que permitirá la salida del petróleo sudanés al mar.
 
Las implicaciones de la teoría sobrepasan la pura dimensión del abastecimiento energético. Varios analistas sostienen que el collar de perlas también es una estrategia para “encerrar” a la India e impedir su emergencia como potencia regional y mundial. Los vínculos estrechos con Pakistán (el eterno adversario de la India), así como los ofrecimientos comerciales a varios de los países del sudeste asiático, serían movimientos tácticos de Pekín para mantener un equilibrio de fuerzas favorable en la región.
 
La estrategia de contención de la India sería igualmente útil para reducir su capacidad de negociación en los diferendos fronterizos que tiene con China (el glaciar de Siachen, la reserva de la biosfera Nanda Devi y los estados federales indios de Sikkim y Arunachal Pradesh, todos territorios administrados por la primera y reclamados por la última).
 
Por ahora, el gobierno chino ha rehusado referirse al collar de perlas y ha repetido que su estrategia comercial en la región es pacífica y sólo persigue objetivos comerciales. Por el contrario, en la India, donde la teoría ha tenido buena acogida en los medios y se ha convertido en una referencia obligada para los analistas, se habla mucho de las estrategias que podrían emplearse para que el tigre de Bengala rompa el collar con el que el dragón asiático quiere hacerlo prisionero.

 

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