Por: Danilo Arbilla

Un collar que aprieta

Resumo tres noticias que son perlas  de un mismo collar:

-Secretario de la OEA (José Miguel Insulza) quiere ser el presidente de Chile. (De los diarios)

- “Sería un error que la OEA restringiera su investigación sólo a Ecuador y no abordara también la relación entre las Farc y el gobierno venezolano. Se necesita de manera urgente una investigación rigurosa e imparcial para llegar al fondo de este asunto”. (Jose Miguel Vivanco, Director para las Américas  de Human Rights Watch).

-“Aunque estas mayores expectativas y responsabilidades son un claro signo del papel indispensable que desempeña la Comisión en la protección y promoción de los derechos humanos en el Hemisferio, también plantean un enorme desafío a todo el sistema, porque las actividades y los mandatos de la Comisión no pueden ser cumplidos sin recursos financieros y humanos suficientes.
Esos recursos no han aumentado en proporción a la creciente importancia de la Comisión y de su papel en la región, en tanto que las asignaciones presupuestales de la OEA no reflejan adecuadamente el compromiso de los Estados Miembros con los derechos humanos al establecerlos como uno de los propósitos centrales de la Organización”. ( Del discurso del presidente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA –CIDH-, Paolo Carozza, ante la Asamblea General de la organización).

Los sueños presidenciales del chileno Insulza no son una novedad. Ya en la elección pasada, por razones de estrategia, tuvo que salirse del camino de Michelle Bachelet. No es difícil que le pueda ocurrir lo mismo en la próxima. Hay otros dos pesos pesados en carrera: los ex presidentes Ricardo Lagos  y Eduardo Frei. Además la Concertación que gobierna Chile desde la vuelta a la democracia, esta vez corre serios riesgos de perder la elección, por lo cual tienen que afinar muy bien la puntería con el candidato.

Insulza no ceja y hasta se habla de algunos actos en Chile vinculados con su aspiración. Si es así, no está bien. El tiene que dedicarse a la OEA. Primero porque la organización se debilita  y pierde fuerza, imagen y presencia y segundo porque la  gestión del ex ministro chileno  no ha sido la que se esperaba y  cada vez  desilusiona más.

Por un lado Insulza niega enfáticamente ante el congreso de EEUU que haya pruebas sobre las relaciones entre la Farc y Chávez,- lo que motiva que éste, que antes lo había llamado “pendejo”, lo felicite-, mientras por el otro claramente esquiva lo que sería el deber de la OEA, que es investigar los correos electrónicos de los jefes de las Farc capturados por Colombia, en lo  que hablan de una estrecha  relación entre los terroristas y el gobierno bolivariano de Venezuela.

Es notorio que Insulza no quiere líos con Chávez y  sus socios y amigos de hoy. Unos dicen porque no soportó la “presión” del comandante y otros, que es  para  evitar roces  y no  afectar alianzas con vistas a su  candidatura presidencial. Y la que pierde es la OEA. Hasta lo que ha sido su mayor mérito y donde su gestión ha sido más relevante, que es en la defensa y promoción de los derechos humanos,  corre riesgos,  si nos atenemos a los reclamos de la propia CIDH. Su presidente ha informado que si no fuera por  donaciones externas, no podría haber cumplido  ni con la cuarta parte de sus tareas y  recalcó que  la Comisión “simplemente no puede seguir respondiendo a las crecientes exigencias de que es objeto sin una acción decidida  de los Estados Miembros para abordar esta grave escasez de recursos”.

Es una situación que preocupa por partida doble. Por lo que es esa realidad y por esa dependencia de recursos, particularmente en una época  en la que parece que el argumento financiero, se ha transformado en  la razón superior de todas las alianzas, y al que no resisten ni los más sagrados y reconocidos principios del mundo occidental. Mete miedo pensar que por falta de recursos la CIDH  para  funcionar pueda someterse a las imposiciones del  gran distribuidor de petrodólares. Son varias, entonces, las perlas de este collar, que no enriquece ni embellece sino que ahorca y asfixia.

 

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