Por: Cartas de los lectores

Un costeño en la Alcaldía de Bogotá

Muy concretas las reflexiones que nos deja el comentario editorial “Lo que las elecciones dicen sobre nosotros”, en el periódico El Espectador (de ayer lunes, 31 de octubre de 2011).

Y es el hecho concreto de que un exguerrillero del movimiento M-19, cuyos integrantes fueron amnistiados durante el proceso de paz adelantado durante el gobierno de Belisario Betancur Cuartas, haya logrado la Alcaldía de Bogotá, representa un duro golpe a la clase dirigente política colombiana; también es el reconocimiento grato a la persona que durante los últimos años ha denunciado los hechos delictuosos de grupos paramilitares y de inmoralidad en organismos del Estado. El triunfo, por amplia mayoría, de Gustavo Petro es a la vez una voz en alto de las clases menos favorecidas que anhelan una excelente administración en la principal ciudad colombiana, que aún vive los estragos de una pésima gestión y hechos de inmoralidad por parte del hoy exalcalde suspendido Samuel Moreno Rojas. En lo personal, la ganancia electoral de Gustavo Petro le representa una buena plataforma para lograr en el mañana la postulación presidencial, y si logra conformar un magnífico equipo de gobierno tendrá, a no dudarlo, una destacada administración para beneficiar a más de 9 millones de personas que, según estimativos, habitan la principal ciudad colombiana. Desde el punto de vista general de la política, quedó demostrado una vez más que el expresidente Álvaro Uribe Vélez no sirve como “padrino”, pues su candidato Enrique Peñalosa Londoño sufrió una nueva derrota. Gustavo Petro es el primer ciudadano natural de la costa que llega, por elección popular, al segundo cargo más importante del Estado colombiano. Nació en Ciénaga de Oro, Córdoba, el 19 de abril de 1960, es decir, tiene actualmente 51 años de edad; profesionalmente es economista de la Universidad Externado de Colombia; allí estudio becado... Será el noveno alcalde de la capital colombiana elegido por el voto ciudadano. El primero fue el conservador Andrés Pastrana Arango, quien posteriormente ocupó la Presidencia de la República. Como bien lo indica el comentario editorial de El Espectador, “sin duda, debe calificarse como histórico el hecho de que Bogotá le confíe el segundo cargo más importante del país a un exguerrillero que se desligó de las armas y decidió defender sus ideas haciendo política legal”.

Jorge Giraldo Acevedo. Santa Marta.

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