Por: Lorenzo Madrigal

Un día después

¿Cómo puede uno escribir si ha de ser leído un día después de elecciones y si al producir la nota periodística apenas se han abierto las urnas? Pónganse ustedes, amigos, en el pellejo del columnista, que ni siquiera vota en Bogotá, sino llenando más de una cruz sobre blanco, por la corrupción que abunda en la provincia.

Pensé evadirme, escribir sobre “el oro del Chocó”. Al decir esto quiero recordar, bromeando, que un tema así le sirvió de recurso a Álvaro Gómez, cuando alguna vez la situación no se prestaba para dar opiniones de tipo político que dañaran, vaya, algún acuerdo sobre lo fundamental.

Miren ustedes: si a Peñalosa, a estas horas, lo tuviéramos como alcalde elegido o reelegido, lo que era improbable un día antes, habría que reconocer que el diario de mayor circulación se consagraba una vez más como gran elector, definidor de los resultados. Su método habría consistido en ocultar las malas encuestas o alternativamente asustar con ellas y con la llegada del candidato Petro al solio de Jiménez de Quesada. En esta misma línea, el candidato oficial vociferaba el viernes, desde las aceras de su barrio, la fatalidad del arribo al Distrito de un Chávez. Sin cáncer, desde luego.

Si, por el contrario, ganó Petro, ello era lo previsible, pues al fin de semana se había escapado del pelotón con una diferencia de diez y hasta de quince puntos porcentuales sobre el exalcalde, difícilmente remontables. Y no eran datos de Datexco, sino de Gallup y del Centro Liberal de Consultoría, de mi mayor respeto.

Pero bien pudo haber dado la sorpresa Gina, lo que no creo, pues la ola verde de Mockus se dio una vez y no será fácil repetirla, sin que el propio Mockus la reviente como una bombita inflada. Ningún favor le hizo Citytv a la candidata al encaramarla para el “gran debate” en una silla acrobática, donde no pudo menos de exhibir sus rodillas articuladas como las de Jacqueline Kennedy. Y casi no le dieron el turno de la palabra; Peñalosa, en cambio, peroró más de la cuenta y Roberto Pombo parecía hacerle guiños para que interviniera más y cerrara la imagen con su gran figura, que, sumada a la humanidad de Pombo, colmaba la pantalla.

De modo que este Lorenzo que ustedes leen hoy no tiene la menor idea de quién pueda ser a esta hora el alcalde mayor de Bogotá, distrito más que especial, aunque todos los seres humanos que habitan la ciudad —y el propio Lorenzo post scriptum— ya lo sepan y padezcan.

***

Bien por tan divertidos debates en todos los canales; City, el año anterior tuvo uno en que no se veía a nadie (“allá el candidato que tosió”) y en esta ocasión tuvo otro en el que unas silletas de bar no lograron acomodar a los aspirantes (aspirantes a sentarse en ellas).

 

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