Un día en la cuarentena de…

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Soy de los que cree en los razonamientos de Morgan y Bachofen, acerca de la existencia de un periodo de la humanidad, la sociedad matriarcal, en el cual la mujer era preponderante y se constituía en el núcleo articulador de la familia y de la organización social en su conjunto, de la política y la economía, de la moral, la religión y la administración de justicia, entre otros de sus liderazgos.

Fueron ellas, las mujeres, quienes, al igual que a los hijos, alumbraron el mundo en sus albores, organizándolo, orientándolo y conduciéndolo por la senda de su crecimiento y desarrollo, hasta cuando el “derrocamiento del derecho materno”, como consecuencia del aumento de la riqueza y del cambio de genero de vida, dio paso al dominio del padre y a su supremacía en la dirección de la familia y el hogar.

Desde entonces, con la “gran derrota histórica del sexo femenino”, la mujer fue relegada y degradada en su papel protagónico, pasando al de simple servidora en el hogar: la crianza de los hijos, el trabajo doméstico no remunerado y el cuidado de niños, ancianos y enfermos.

Cuanto nunca imaginaron los hombres a lo largo de la historia que ha corrido bajo los puentes desde entonces, es que, en el pico más alto del patriarcado, una peste, entre tantas que ha padecido la humanidad, le restaría un poco a la mujer esa carga onerosa de servidumbre perpetua de trabajo doméstico y afines, sufrida por los siglos de los siglos.

Así las cosas, no está demás registrar en esta columna que tanto, en la cuarentena transcurrida, han aligerado la carga de sus mujeres, algunos, entre tantos, de mis entrañables amigos urbanos:

Antonio Hernández Gamarra, de Sincé, Sucre; vive en Santa Marta, fue Contralor General de la Republica, Ministro de Agricultura y codirector del Banco de la República, arranca a las 6 de la mañana con sus labores de casero: lavo, con una máquina, los platos del día anterior, barro y sacudo la casa y los muebles; por la tarde, riego las matas y hago jardinería en compañía de Julieta, mi nieta de nueve años…La cosa no es fácil, sobre todo, esta de adaptarse a la “nueva normalidad” y comprobar la “inutilidad” de nuestros conocimientos… pero ahí vamos…

Jaime de la Ossa Velásquez, PhD en Biología, Rector de la Universidad de Sucre: me levanto a construir un día lleno de límites, después de soñar con los recuerdos, un poco antes que la chamaría cante en el poste de la esquina de mi casa… hago el mercado una vez por semana, cocino sábado y domingo, me encargo de la ropa sucia de cada día y de organizar carnes y verduras para la semana…Si esto se alarga, temo que mis privilegios domésticos varíen…

Cristian García García, Economista, MBA en Administración de Negocios, Especialista en Administración Financiera, Empresario; vive en Sincelejo, es separado, millenials, lo acompañan Isaac David y Matías David, sus hijos de diez y doce años: tres veces al día cocino, tres veces lavo platos; tres veces a la semana hago aseo de escoba y trapero en el apartamento, dos veces lavo la ropa de mis hijos y la mía…para variar, apoyo las clases virtuales de mis muchachitos y la atención de mis negocios y trabajo. Hay días que se vuelven fastidiosas mis labores de casero, pero son ineludibles…

Adolfo Meisel Roca, Economista, Rector de la Universidad del Norte, PhD en Economía, Magister en Sociología, ex Codirector del Banco de la República, vive en Barranquilla: ahora trabajo más que antes: lavo platos, hago el mercado los sábados, vía celular, por las restricciones de movilidad… dicto clases virtuales y paso más horas en el computador…

Germán Bula Escobar, de Montería, Córdoba, Magistrado del Consejo de Estado, ex Ministro de Educación Nacional, vive en Bogotá: entreverados en la semana son los oficios caseros de German Alberto: preparar el desayuno y lavar la loza, luego, hacer mecha, trapo y “aspiración”, incluidas, a veces, las alfombras de todo el apartamento; adicionalmente, las “proposiciones y varios” que resulten relacionadas; y, desde luego, atender las salas varias del despacho…

Fernando Bernal, PhD en Sociología, vive en Bogotá: después de contemplar una quebrada que baja de la montaña, hablamos de la logística del día con mi mujer… de la división de las tareas, ese espacio de tiempo para conmoverme con su bondad para conmigo, su mamá y nuestra hija…preparo muchas recetas de cocina, algunas quemadas, incomibles…y otra vez, la “división” seria de los turnos del lavado de platos…Esta pesadilla cambió mucho nuestras vidas…es una verdadera incógnita lo que vendrá.

Entre tanto, al caer la tarde, Betty deja oír su voz en el instante que pulso los caracteres finales de esta columna: Mijo, ahora que acabes de escribir, le pasas la escoba y el trapero a los baños, lavas tus interiores, medias y pañuelos, y mueles dos libras de ajonjolí que tosté esta mañana…

* Poeta.

@CristoGarciaTapia

 

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