Por: Hernán González Rodríguez

Un discurso ingenuo e incompleto

Uno de los obstáculos de mayor calado para firmar la paz de La Habana proviene de una carta enviada el pasado 16 de agosto al presidente Santos por la fiscal de la Corte Penal Internacional, Fatou Bensouda, en la cual le advierte: “una condena que sea grosera o manifiestamente inadecuada, teniendo en cuenta la gravedad de los delitos y la forma de participación del acusado, invalidaría la autenticidad del proceso judicial nacional, aun cuando las etapas previas del proceso hayan sido auténticas.

Por dichas razones, las penas carcelarias deben ser proporcionales a los delitos, de lo contrario sería ilegítimo el proceso, y estaría violando de facto lo establecido en el Estatuto de Roma, puesto que “la suspensión de la pena de prisión significa que el acusado no pasa tiempo recluido, y se trata de una decisión inadecuada para aquellos individuos que supuestamente albergan la mayor responsabilidad por los crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.” ¿En lugar de blindarnos contra la justicia internacional, no resultaría mejor ajustarnos a ella?

En respuesta a esta misiva dijo Santos: “Lo que les planteamos a la ONU y a la comunidad internacional es que se respete el derecho de Colombia –y de toda nación- de buscar la paz… Que se nos siga acompañando en este esfuerzo respetando nuestras decisiones, nuestra forma de hacer las cosas, y confiando en que nuestras actuaciones nunca han sido ajenas a las sensibilidades de la comunidad internacional”… “No habrá impunidad por los crímenes de guerra y de lesa humanidad… La añorada paz no se va a alcanzar a costa de renunciar a la justicia y mucho menos a la verdad y la reparación... El pueblo colombiano está muy a favor de este proceso”.  

Según el presidente Santos, en conversación telefónica suya de 30 minutos, tras su discurso de la ONU con la fiscal Bensouda, afirmó que será ella su aliada, que le contribuirá a una paz sostenible en el largo plazo y que respetará nuestra autonomía. Conclusión: en 30 minutos ajustaron la justicia penal internacional a las peticiones del presidente Santos. 

Y continuó Santos: “Este año hemos avanzado mucho más de lo que se ha avanzado en toda los historia de los diversos intentos de llegar a acuerdos con las Farc... Pero un poco más adelante se contradijo cuando les advirtió a las Farc que aún no hay acuerdos en los otros cinco de los seis puntos de la agenda y  que la paciencia del pueblo colombiano no es infinita. Y les lanzó un ultimátum: “optar por una paz estable y duradera o por seguir la guerra”.  A uno de dichos puntos –el narcotráfico- lo calificó como la “flecha venenosa que atraviesa el conflicto colombiano”. Algo más grave aún, las drogas ilícitas son las flechas que tienen gravemente heridos todos los acuerdos de paz tanto pasados como futuros. 

El obstáculo de la opinión adversa del 80% de los colombianos a la paz de La Habana no es menos grave que los de la justicia penal internacional y el narcotráfico.  Absurdo proponer refrendar estos acuerdos sin poseer los textos de ellos.  Las encuestas parecen indicar que el pueblo está muy prevenido contra una paz con impunidad de los cabecillas, armas, curules gratis, control territorial y rediseño de nuestras instituciones. 

El presidente Santos no mencionó el expansionismo de Nicaragua en la ONU. Dejó solos a Costa Rica y a Panamá. ¿Por cuáles motivos pronunció un discurso ambiguo e incompleto? 

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Hernán González Rodríguez

Casi nadie comprende a la Corte

“Refundación de las Farc”

Los subsidios estatales

Magnitud de la economía de la coca

Economía subterránea en Colombia