Por: Andrés Escobar

Un enfermo que merece cuidado

El funcionamiento del sistema de salud debe ser una de las principales preocupaciones del Estado en cualquier parte del mundo, no sólo por las profundas implicaciones que el tema tiene para el bienestar de la sociedad sino también por los cuantiosísimos recursos que un sistema de salud requiere para funcionar.

El país dio un salto fundamental cuando se aprobó la Ley 100 en 1993, al crear un nuevo sistema de salud que aspiraba, entre otras, a cubrir al 100% de los colombianos. Casi dos décadas después, la cobertura ha mejorado de manera sustancial y los recursos que mueve el sistema se han multiplicado hasta alcanzar cifras cercanas a los $28 billones anuales. Sin embargo, pese a todos los avances logrados, la salud en Colombia tiene múltiples fallas y enfrenta serios retos.


Algunos de ellos son la calidad de los servicios de salud (frente en el que los usuarios no perciben avances sino retrocesos con el paso del tiempo) al igual que el amplio camino por recorrer en temas de salud pública. Sin embargo, en dos frentes la acción estatal claramente no da espera.


Uno es la corrupción, que ha llegado a niveles que escandalizan en un país que difícilmente se ruboriza. Los hallazgos y las medidas tomadas por el Gobierno y los organismos de control en estos días deben aplaudirse, pues muestran renovados esfuerzos para enfrentar un cáncer que carcome la sociedad colombiana. Sin embargo, queda mucho por hacer, como fortalecer una muy débil Superintendencia de Salud y mejorar los sistemas de información para limitar la discrecionalidad de funcionarios y hacer cruces que eviten abusos.


La labor interinstitucional de todo el Estado debe continuar, pues lo que falta por destapar escandalizará aún más.


El segundo gran reto es entender mejor para dónde van las finanzas del sistema. Si la experiencia internacional sirve de referencia, los 28 billones se volverán 35, luego 40 y más tarde 50. Pero no sabemos bien cuándo, porque la información es aún deficiente.


En otras palabras, como país no sabemos bien si el tren actual de gastos en el que está montado el sistema de salud es sostenible.


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