Por: Ciudades invisibles

Un extraño objeto en la 19

En Bogotá se construirá una torre de más de sesenta pisos, en la avenida 19 con carrera 5ª, en un lote en el que un edificio de treinta pisos ya sería un despropósito.

Es difícil hablar del edificio BD Bacatá sin referirnos a la crisis teórica y práctica que atraviesa hoy la planificación urbana en Bogotá. La excesiva concentración en los aspectos productivos y tributarios conduce al descuido de facetas vitales para los ciudadanos. Espacios antes funcionales, convertidos ahora en paisajes lunares. La ciudad está plagada de desequilibrios territoriales, de procesos segregadores y del deterioro irreversible de elementos culturales, simbólicos y patrimoniales. Lo que es peor, el incipiente proyecto de ciudad fue capturado por los contratistas (Del Castillo, La Silla Vacía, 2011). Ante esta situación la pregunta obvia es: ¿el BD se enmarca en las políticas de densificación propuestas por el Plan Zonal del centro de Bogotá? O, más bien, ¿aparece como “daño colateral” del sueño de los inmobiliarios?

En una trama más o menos consolidada y continua, compuesta por inmuebles que si acaso llegan a los 12 pisos de altura, es apenas obvio que el edificio de 66 es una extravagancia que deteriora el perfil urbano y, en consecuencia, la morfología de la zona. Seguramente necesitamos más tramas continuas y menos gestos histriónicos, precisamos más empates entre los edificios y menos culatas que interfieran la lectura continua del paisaje del centro de la ciudad. Como lo dice un amigo, para renovar la ciudad requerimos profesionales competentes en “sastrería urbana”. Y planificadores urbanos que hayan transitado por la avenida 19, tal vez una de las vías más congestionadas del centro de Bogotá y a la que el BD convertirá en infierno irresoluto.

Para nadie es un secreto el papel que desempeñan estos proyectos arquitectónicos en la nueva economía simbólica, basada en la cultura, y la incidencia de esta economía en el marketing de ciudades. Al fin de cuentas, en la competencia global por atraer capitales, los videos promocionales del BD hablan del edificio más alto de Colombia y de la rivalidad entre la torre más alta de Caracas y la de Bogotá. Lo triste del asunto es que estos nuevos hitos urbanos poco aportan al arte o a la construcción de ciudad y sirven sólo para evocar una imagen de modernidad y eficiencia que poco tiene de verdad. “Esta visión, que pretende transformar la ciudad exclusivamente a partir de proyectos arquitectónicos puntuales, pone de presente la incapacidad para operar una realidad urbana compleja y la ausencia de estrategias más amplias de transformación y gestión del espacio urbano” (Ezquiaga, Urban 2, 1998).

María Eugenia Martínez Delgado*

 

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