Por: Columnista invitado EE

Un falso sueño

Querer importar costumbres de otras culturas y creencias tan diferentes genera dificultades en el sano desarrollo y la conformación de nuestra cultura juvenil.

El objetivo de ser llamados reyes o reinas les da un privilegio frente a sus iguales. En Estados Unidos esta categoría les permite ser considerados por las universidades para brindarles becas académicas, pero nuestra realidad es otra.

En Colombia, la autoestima de las niñas se construye en grupo, pues nuestros padres fueron educados con escalas comparativas de los mejores hermanos o vecinos, o sea, sin valor propio ni respeto por lo que son como individuos.

Nuestros adolescentes se construyen día a día con la inmadurez de sus vivencias, experimentan relaciones bisexuales, tríos y demás formas absurdas para entender que pueden ser amados y respetados. Las jóvenes se someten a cirugías desde los 15 años y a mil dietas que pueden dejar la anorexia y la bulimia como la mejor opción de valor propio. En resumen, unas adolescentes que sumaran a esta etapa escolar la presión de ser bellas a costa de odiar ser ellas mismas, a lo que se suma, en ocasiones, padres que por el honor de ver elegidas a sus hijas invierten mal mucho dinero y arriesgan la salud física y mental de las menores.

Sólo queda suplicar a los educadores y formadores que pongan un freno total a estas iniciativas e incluyan en la cátedra de educación sexual y reproductiva temáticas que aborden la pérdida de la dignidad y de los valores a temprana edad. Habrá que formalizar eventos donde el deporte, el arte y la ciencia se vean recompensados y que la belleza de corazón merezca cada año una medalla en la que se lea: “La mejor compañera del curso”.

* Psicóloga y educadora

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