Por: Luis Fernando Medina

Un Fantasma en el Tesoro: Sobre la Crisis de la Deuda de Estados Unidos

Se acerca la medianoche del 30 de Octubre en el despacho del Secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Jack Lew.

El señor Lew aún se encuentra en su oficina abstraído en los papeles de su escritorio pero cuando levanta la vista encuentra una presencia en uno de los sillones, un hombre vestido a la usanza del siglo XVIII, un fantasma. 

-¿Quién eres?- dice Lew con las poca claridad mental que le deja su asombro.

-Soy tu ilustre antecesor, Alexander Hamilton, el primer Secretario del Tesoro-

-¿Vienes para Halloween?-

-Bah, esas son estupideces para supersticiosos. No, vengo a presenciar el colapso de mi obra maestra, la deuda pública, colapso que, según mis fuentes, se producirá mañana cuando se venza el primer pago de intereses de los Bonos del Tesoro desde que el Congreso denegó el aumento del cupo de deuda.-

-¿Tu obra maestra? Yo siempre pensé que era la Constitución.-

-No niego que estoy orgulloso de eso también. Pero fue trabajo de varios. La deuda es la que lleva mi impronta, todo un golpe de genio.-

-¿Por qué?-

-Cuando nos independizamos de Inglaterra, los agricultores del Sur no querían construir un Estado fuerte por miedo a que nosotros los del Norte, que éramos más y más ricos, abusáramos de nuestro poder (ganas no nos faltaban, por supuesto) y que, horror de horrores, aboliéramos la esclavitud. Pero sus proyectos eran una simple amalgama de republiquetas que no iba a servir para nada. Ahí fue cuando tuve mi genial idea: un Estado fuerte, capaz de desarrollar la nación, pero que estuviera siempre endeudado con los altos financistas del país. Así los financistas iban a estar siempre vigilantes de los derechos de propiedad, impidiendo que las masas incultas se llenaran de ideas radicales y jacobinas mientras el Estado tendría los recursos necesarios para construir una potencia continental.-

-Brillante, es verdad. Y, debo decirlo, el plan ha funcionado.-

-Por supuesto que ha funcionado. Por eso en los momentos claves de este país la deuda pública ha jugado un papel fundamental. Cuando se acabó la Guerra Civil, el Congreso se encargó de consagrar en la Constitución que la deuda era inviolable. ¡Ni yo había pensado en esa posibilidad! Nada mal para un Congreso de elección popular. Y luego, en la Segunda Guerra Mundial el gobierno entendió que era la oportunidad para convertirse en el país más poderoso del planeta y se endeudó lo que fuera necesario para ganar la guerra. Los grandes imperios no pueden ser timoratos, hay que arriesgar.-

-Entonces, ¿por qué el Congreso ahora le tiene tanto miedo a la deuda?-

-Jack, seamos justos, no es todo el Congreso. Muchos de ellos entienden la esencia de mi plan. Muchos se dan cuenta de que así el Estado le tiene que pedir prestado a las élites (pagando intereses) en lugar de cobrarles impuestos. Debo confesar que en mis tiempos esa abominación del impuesto al ingreso no existía ¡no señor! éramos todos respetables. El sector financiero ama la deuda pública: es su activo de riesgo cero, la forma de diversificar cualquier portafolio. Si te fijas bien, el problema está en algunos cuantos congresistas ultra-conservadores.-

-No te entiendo, tú mismo pareces bastante conservador...-

-¡Ah! Es que hay matices Jack. Una cosa es el conservatismo de élite y otra el conservatismo plebeyo. El conservatismo de élite sabe que, por más que las cosas cambien, sigue mandando, en cambio la derecha plebeya se enloquece cuando se siente amenazada. En tu próxima gira por Europa pregúntale a tus amigos sobre el tema y ellos te podrán contar muchas historias al respecto. Mira, en nuestro país la derecha se había mantenido unida porque los empresarios pequeños y medianos sabían que los grandes poderes económicos cuidaban de sus intereses. Con la deuda pública se alimentaba el mercado interno, bien fuera invirtiendo en infraestructura, bien fuera apuntalando la Seguridad Social. Con la deuda pública se mantenía el gasto militar (y su subproducto, la gasolina barata). En fin, confluían los intereses de los grandes capitales (aquellos que, según me cuentan, en la Nueva Granada llaman "los cacaos") y aquellos que no son tan grandes.-

-¿Y ahora? Porque no me vas a negar que seguimos gastando en Seguridad Social y defensa. Son los ítems más grandes de nuestro presupuesto.-

-Si. Pero la tal "globalización" ha roto esa confluencia de intereses. Ahora hay capitales que pueden globalizarse y capitales que no. Fíjate en el sector financiero, por ejemplo: la banca de inversión de Estados Unidos ahora opera en todas partes. Fíjate en Apple, en Wal Mart, en fin, toda firma que valga la pena tiene cadenas de producción dispersas por todo el mundo. A ellos les conviene el dólar fuerte que hemos tenido en los últimos años. Mientras más fuerte el dólar, más pueden apalancarse los banqueros de inversión en el resto del mundo, más barato le sale a Wal Mart traer mercancías de China, o a Apple. Por eso hemos logrado que el mundo entero nos subsidie nuestro nivel de consumo con déficits comerciales enormes. Y además esos déficits los pagamos con bonos del Tesoro...deuda pública. Negocio redondo.-

-Tienes razón. Algo de eso le escuché alguna vez a Robert Rubin en tiempos de Clinton. Pero, ¿qué tiene que ver eso con los republicanos recalcitrantes?-

-Pues que todo este negocio es buenísmo para los que se pueden globalizar. Pero si tú eres un empresario provincial, que tiene que quedarse en Oklahoma o en Nebraska, que no puede montar cadenas de producción globales, no estás invitado a la fiesta. ¡Y encima te vienen a decir que hay que ayudar a subsidiar el acceso a la salud para otra gente! Entonces ellos se enfurecen cuando Uds. rescatan a los bancos, se enfurecen cuando se habla de quitarles los recortes de impuestos que Bush les dio. Pero como no tienen mucho poder, como los partidos siguen respondiéndole a "los cacaos" (¡qué bien suena esa palabreja, estos neogranadinos...!) entonces se lanzan a maniobras suicidas como la de meterse ni más ni menos que con el cupo de endeudamiento. Al fin y al cabo, ellos no ven los beneficios de la tal deuda.-

-Bien. Pero, ¿qué harías tú en mi lugar?-

-Acuérdate que yo soy un hombre de principios. Si yo me batí a duelo con el Vicepresidente, que era el segundo en la línea de sucesión a la presidencia, ¿por qué no puedes tú batirte a duelo con John Boehner, el Presidente de la Cámara, que es solo el tercero en la línea de sucesión?-

-Estás loco Alexander. Primero, se te olvida que sentaste un pésimo precedente: tú perdiste ese duelo, el Vicepresidente te mató. Segundo, Boehner tiene el apoyo de la Organización Nacional del Rifle.-

-¡Ah! Ya sabía yo que algo no me sonaba con todo ese negocio del acceso a las armas. Nunca he debido apoyar la dichosa Segunda Enmienda...- 

Pero cuando Lew fue a contestar, ya Hamilton había desaparecido.

 

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