Por: Cecilia Orozco Tascón

Un fiscal que genera miedo

Cuanto más tiempo pasa, más argumentos hay para fundar el miedo que genera el fiscal general, incluidos los ciudadanos más poderosos del país: expresidentes, políticos, abogados de renombre, altos servidores del Estado, empresarios y un largo etcétera de personajes públicos que no soportarían, en otros funcionarios, ciertas actitudes desafiantes suyas que no casan con la democracia, prefieren cerrar los ojos, sellar los labios y acercarse cuanto puedan al actual jefe de la entidad investigadora. La fama de vengativo y “complicado” que tiene Néstor Humberto Martínez, no obstante, se ha ido difundiendo entre susurros para evitar que alguien le cuente al involucrado lo que se dice de él y, sobre todo, quién lo dice. Paradójicamente, el propio Martínez se está encargando de darles la razón a sus solapados críticos con sus frases cargadas de prepotencia, con sus intervenciones, con sus declaraciones cuando anuncia un caso y con sus decisiones o con las de la Fiscalía General que, para el caso, constituyen un solo ser.

A vuelo de pájaro, recuerdo los choques internos que Martínez generó en la Casa de Nariño con su soberbia, cuando Juan Manuel Santos —también débil ante él— cedió a la presión de nombrarlo “superministro de la Presidencia” con un rango superior no solo al de secretario general —único cargo equivalente que existía, jurídicamente hablando— sino al de todos los altos consejeros y ministros del gabinete. Recuerdo también la grosería que cometió con sus colegas de gobierno, los ministros del Interior y de Justicia, cuando los desautorizó, delante del Congreso en pleno, en momentos en que se discutía la reforma al equilibrio de poderes. Recuerdo, como si fuera hoy, a la representante Angélica Lozano quien proféticamente le reclamó que en vez de preocuparse por el país lo hacía por su campaña para fiscal general. Y recuerdo los gestos y palabras de desprecio con que él la miró y le contestó desde la altura de su importancia. Recuerdo, cómo no, que uno o dos meses después, el doctor Martínez Neira se retiró dizque para dedicarse a su bufete pero qué va: pronto llegó a la terna de uno que Santos — débil ante él— le concedió y con la que pudo asumir el puesto que tiene temblando a Colombia ante lo que haga, decida, ordene el señor fiscal general.

Que lo digan los pocos que han tomado la opción de enfrentarlo: empiezan a quedar rastros de persecución o al menos de falta de garantías plenas desde la Fiscalía, en casos tan sonados como los del exdirector de la Agencia Nacional de Infraestructura, Luis Fernando Andrade, cuyo proceso ha merecido la atención de medios serios como Financial Times y Bloomberg que critican la parcialidad del fiscal Martínez, con nombre propio. Que lo diga el periodista de Estados Unidos que tenía cita con Andrade y quien tuvo que cancelarla porque, misteriosamente, la noche anterior llegó a la casa de Andrade un funcionario del Impec para notificarle la prohibición de adelantarla. Prohibición que le fue reprochada por el juez a la fiscal del caso, por considerarla inconstitucional.

Que lo diga, aun con todos los enredos que puedan complicarle la vida, el senador Armando Benedetti a quien justa o injustamente la Fiscalía lo involucró en el escándalo de las chuzadas ilegales de un grupo de expolicías y particulares, violando el fuero parlamentario que le garantiza el examen de su proceso por parte de la Corte Suprema.

Que lo diga la valerosa María Jimena Duzán que se ha atrevido a cuestionar el desempeño de Néstor Humberto Martínez (impedido, en la forma) en el escándalo de Odebrecht: uno de sus subalternos cercano a su despacho interpuso una tutela contra la columnista a pesar de no haber sido nombrado, jamás, por ella. No hay que equivocarse: con la personalidad de Martínez, sobra decir que él está detrás de la acción judicial o si no, su funcionario se va. Apuesto a que se queda porque el foco de las críticas de María Jimena ha sido Martínez Neira en su triple papel: apoderado de uno de los socios del consorcio Odebrecht; “superministro” del gobierno en que se aprobaron varias obras adjudicadas a ese grupo y, ahora, cabeza de la entidad que investiga el entuerto. ¿A quién le interesa callar a la periodista: a alguien que el público no identifica o a uno de los personajes más publicitados de los medios y periodistas?

Entre paréntesis. Que lo diga yo, a quien como directora de Noticias Uno, el mismísimo Néstor Humberto Martínez me entabló, hace un año, una acción de tutela por una información cuya esencia era cierta pero que dejaba mal parada su imagen de abogado. La ganó, a medias, la ganó Noticias Uno también a medias, porque el juez no concedió las exorbitantes pretensiones que solicitaba el accionante. Ahora, cerrado el caso, puedo confesar que me sentí en inferioridad de condiciones: yo, simple ciudadana y periodista frente a una de las altas cabezas de la rama judicial.

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2018-09-26T00:00:56-05:00

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2018-09-26T18:15:20-05:00

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