Por: Indalecio Dangond B.

Un fondo desadaptado

Aquel 25 de enero de 1999, un par de sismos ocasionaron severos daños a la infraestructura vial, social, económica y de servicios públicos de 28 municipios en la región del Eje Cafetero. El área afectada fue superior a los 1.360 kilómetros cuadrados, y dejaron a más de 550 mil personas damnificadas.

Frente a esta calamidad, el gobierno del ex presidente Andrés Pastrana optó por implementar un modelo que vinculó a la sociedad civil como socio del Estado y operó bajo principios de eficiencia, celeridad y transparencia. Fue así como se creo el Fondo para la Reconstrucción del Eje Cafetero (FOREC), el cual restableció las condiciones físicas y sociales en un tiempo récord de tres años y generó las bases para reemprender el desarrollo en la región.
Este modelo de gestión dejó resultados significativos, de los cuales sólo menciono unos: 130 mil subsidios de vivienda entregados; 3.600 familias reubicadas de zonas de alto riesgo a lugares seguros, identificados en los Planes de Ordenamiento Territorial; 110 instalaciones de centros sociales reparados; 398 instalaciones públicas como oficinas e iglesias reparados, 508 colegios y 71 centros de salud y hospitales reconstruidos y reparados.

A principios de 2010, otra tragedia natural –el fenómeno de la Niña- ocasionó el desbordamiento de los ríos Magdalena, Cauca, San Jorge, Sinú, además de las fisuras que rompieron el Canal del Dique. Este hecho imprevisible pero prevenible, dejó sin techo, educación, servicios públicos y vías, a mas de 500 mil familias, quienes adicionalmente perdieron alrededor de 80 mil hectáreas cultivadas y 184.000 cabezas de ganado. De la tragedia no se escapó un solo pueblo ubicado en las riberas de esos ríos y en el sur del Atlántico. En diciembre de ese mismo año, el presidente Juan Manuel Santos creó el Fondo de Adaptación cuyo objetivo era el de reactivar la economía de las zonas agrícolas y ganaderas afectadas por las inundaciones. Contrario al FOREC, la verdad sea dicha, los resultados de este modelo versión 2010, han sido desastrosos.

El informe que la Contralora Sandra Morelli tiene sobre el Fondo de Adaptación deja muy mal parado al Gobierno por los bajos niveles de ejecución física y financiera. Son motivo adicional de alarma las extrañas modalidades de contratación que se han inventado para ejecutar un presupuesto de $1.8 billones para el ejercicio fiscal de 2013.

Un ejemplo claro de este tipo de “convenios ineficaces” -que por lo general terminan en estudios y recomendaciones- es el que acaban de firmar la directora del Fondo, Carmen Arévalo Correa y Juan Lucas Restrepo, director ejecutivo de Corpoica, por valor de $30.000 millones, presuntamente para reactivar económicamente las zonas afectadas por la ola invernal. A raíz de este convenio, el año entrante seguramente veremos a campesinos como Néstor Fajardo, de Campo De la Cruz (Atlántico) con un voluminoso manual de Corpoica en sus manos en el cual le indican como “zonificar las amenazas y la vulnerabilidad de su región, cómo crear un sistema de alerta agroclimática temprana (SAAT) que reducirá su vulnerabilidad y cómo implementar un sistema de transferencia de tecnología para evaluar riesgos agroclimáticos a nivel local”. Mientras Néstor logra interpretar este lúcido y muy preciso documento, sin lugar a dudas estará cada día más pobre!

Claramente lo que los campesinos de esas zonas necesitan es que les ayuden a producir alimentos para sus familias y generar unos ingresos que les permitan pagar los estudios y la salud de sus hijos. Con esos 30 mil millones de pesos, se pueden sembrar 17.680 hectáreas de maíz tecnificado, que generan una producción de 88.400 toneladas, que a precio de mercado, podría dejarles ingresos superiores a los 53.000 millones de pesos.

¿Ya se da cuenta señor Presidente, porqué las cosas van de mal en peor? Es un principio elemental de la buena administración tener a las personas indicadas en los cargos fundamentales.

@indadangond

 

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