Por: Lorenzo Madrigal

Un gobierno que es oposición

El mando está por fuera, en el Congreso (Cámara) o en los medios; en el santismo, que nunca pasa; en la izquierda; en las mingas. Y el Gobierno, resistiendo la avalancha. Cuando un gobierno está en minoría, es él la oposición, aparte de haber sido éste uno que saltó de una fuerte oposición al poder.

Los gobiernos de minoría son una calamidad. Los que son mayoría suman al poder el unanimismo, que es también fatal. ¿Cuál es entonces la solución? Como sostiene el Felipe de Mafalda, no estoy para dar soluciones. Aquí, a un Uribe, del partido de Gobierno, se le victimiza, cuando antes fue el irreemplazable, siendo presidente y habiendo sido ya gobernador de Antioquia y creador, según se dijo, pero no lo fue, de las Convivir. Ahora se le quiere hacer pasar por cárceles o en últimas por el humilladero, como de “Horcas Caudinas”, de la JEP.

Al presidente Duque, escogido por Uribe, si bien elegido en consulta, no se le abona ningún acierto. Todo lo que dice o hace recibe el látigo de la izquierda, en este caso unida, como resultado de la extrema polarización y de quienes, colocados en el polo de la aparente apertura, de los derechos civiles y del cambio, son los más intolerantes contradictores.

La idea no es postrarse ante un gobierno, que apenas sale tambaleante de la cáscara, pero no es fácil negarle aciertos internacionales y un evidente liderazgo en el reclamo por la democracia maltratada en Venezuela, así como en el forcejeo con la izquierda internacional. Le dio el adiós definitivo a Unasur, que fue caballito de Troya de Hugo Chávez para dominar a homólogos vecinos que se postraron a sus pies.

Hoy tenemos a los grandes de América concertados en la oposición a la dictadura venezolana. Es una política bien distinta de la “chamberlainesca” del Gobierno anterior, que asistió tembloroso y a última hora a una de las posesiones de Maduro, y vio con paciencia a colombianos presidir el grupo de Unasur, ahora reemplazado por otro de principios diametralmente opuestos.

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Conmemoró el Colegio Mayor (Universidad) del Rosario 365 años de existencia, pero su viejo claustro de La Candelaria y La Bordadita, debo decirlo, están a una distancia grande de mi actual residencia. No fueron los kilómetros los que me impidieron asistir tan de mañana a los actos conmemorativos, sino la impenetrable congestión de la vía, negada para el acceso.

482 cumple la bien importante Cajicá, que en un principio debió ser un poblado indígena cundinamarqués (Cajicá, “fortaleza de piedra”), hoy una ciudad en desarrollo, con notable sede cultural, centros comerciales y conjuntos, que le dan plena autonomía y le quitan la sola condición de ciudad dormitorio de la que, por lo que acabo de decir, es ya una lejana Bogotá.

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2019-03-25T00:00:35-05:00

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2019-03-25T08:24:54-05:00

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