Por: Felipe Zuleta Lleras

Un hombre importante

Nunca he entendido la razón por la que esperamos a que alguien se muera para elogiarlo, en vez de hacerlo mientras la persona vive con nosotros. No se trata, por supuesto, de hacer un obituario en vida, sino más bien un homenaje. Hoy quiero compartir con mis pacientes lectores lo que pienso sobre una persona que conozco hace más de 30 años y que, sin lugar a dudas, le ha prestado al país, desde diferentes posiciones, un servicio invaluable y no bien reconocido. Eso, por supuesto, no es raro en Colombia, que es, por naturaleza, tremendamente ingrata.

Alfonso Gómez Méndez nació en Chaparral (Tolima) en una familia muy humilde. Su padre era sastre, además de raza negra y quien, conjuntamente con su esposa, sacó sus hijos adelante. Alfonso estudió en el colegio del municipio, con honores. De allí vino a Bogotá a enseñar en un colegio nocturno. Tuvo la suerte de que conocía al doctor Alfonso Reyes Echandía, también nativo de Chaparral. Gracias a eso lo admitieron en la Universidad Externado de Colombia, en donde, por ser el mejor estudiante, logró una beca. Se graduó de abogado y continuó sus dos especializaciones también becado: Derecho Constitucional en París y Derecho Penal en Alemania.

De ahí en adelante el país sabe los cargos que el profesor Gómez ha tenido. Pero lo que no sabe la gente que no lo conoce es que es un padre y abuelo ejemplar y un amigo inigualable. He contado en muchos momentos difíciles de mi vida con el sabio consejo de Alfonso. Siempre es generoso para aconsejar y jamás hace juicios de valor. A pesar de tener formación de penalista, no juzga y no condena. Tiene una memoria absolutamente prodigiosa y envidiable. Sabe de historia de Colombia como muy pocas de las personas que yo haya conocido. Y, además, tiene un sentido del humor maravilloso. Siempre encuentra la anécdota perfecta para poner en contexto las cosas, pero con una manera muy divertida de hacerlo.

Escribe estupendamente todos los miércoles en el diario El Tiempo y siempre da en el clavo. Como estamos en otras cosas, sus escritos no tienen la repercusión que tendrían en un país serio. Trata asuntos como la elección de fiscal, legislación sobre corrupción, exceso de elecciones o protestas juveniles. Es acertado, incisivo y sensato.

Si este país fuera sensato y no manejara tantos odios, Alfonso Gómez debería ser o haber sido presidente. Tal vez el único líder de los últimos años hecho a pulso, con origen popular y conocimiento de la realidad nacional como ningún otro colombiano contemporáneo que yo haya conocido.

Le han cobrado su éxito profesional, su color de piel y su origen humilde. Y creo que pierde el país y pierden los colombianos. Yo, por lo pronto, seguiré disfrutando de su amistad, sus consejos permanentes, su sabiduría y su extraordinario humor. Y además será por muchos años, porque Alfonso es, además, disciplinado con su vida y nunca, en todos los años que lo he conocido, ha tenido un solo exceso.

@Fzuletalleras

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2020-01-26T00:00:40-05:00

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