Por: Ciudades invisibles

Un incierto proyecto de espacio público

Mompox tiene uno de los dos centros históricos declarados patrimonio de la humanidad en Colombia. En este singular espacio urbano el Ministerio de Cultura decidió renovar la calle de la Albarrada. Este proyecto es innecesario y su primera fase —reposición de pisos— cuesta $2.000 millones.

La ciudad fue afectada considerablemente por el invierno, está empobrecida, tiene un serio problema medioambiental a causa del mal funcionamiento del alcantarillado, y el emblemático Mercado de la Concepción está en obra desde 1997. Como si esto fuera poco, desacertadas intervenciones recientes obligarían a incluir a Mompox en la lista de sitios del patrimonio mundial en riesgo. Frente a todas estas dificultades, lo que menos necesitan sus ciudadanos es que se renueven pisos que están en buen estado.

Si bien la página virtual de la firma Opus, ganadora del concurso, presenta un análisis gráfico de formas urbanas y su enlace con las geometrías del proyecto, pareciera que faltan otros estudios urbanísticos, arquitectónicos e incluso arqueológicos de la muralla de la época de colonia española, indispensables en la intervención de cualquier centro histórico. Y especialmente si se trata de un sitio del patrimonio mundial. Este faltante se compensa, en cambio, con múltiples formas que compiten con un patrimonio sobrio y frágil. Desde luego, una ciudad como Mompox necesita más intervenciones cautas y menos hitos urbanos nuevos.

Como la transparencia y la información pública son valores esenciales de una sociedad abierta, la ministra de Cultura tiene la obligación de debatir el proyecto ampliamente y sustentar por qué éste empieza por un trabajo de piso. En el momento que se construyan las siguientes fases, ¿no habrá que levantar el piso que hoy se instale? ¿No sería acaso mejor restaurar primero la muralla que defiende la ciudad del río, con el objeto de evitar que una nueva creciente haga agua los 2.000 millones invertidos?

Aunque el director de Patrimonio es el promotor del proyecto, tiene la oportunidad única de redireccionar los recursos a la conclusión de la restauración del Mercado de la Concepción, obra que él mismo abrió cuando era subdirector de Monumentos de Invías. El cierre del mercado obligó a la dispersión de sus actividades y al desplazamiento de valiosas prácticas culturales, problema que ciertamente debería importar a un ministerio cuya acción se centra hoy en la diversidad cultural.

Jane Jacobs dice en un texto del año 1961 —que resulta de una actualidad sorprendente—: “Escribiré cómo son las ciudades en la vida real, porque es la única forma de conocer qué principios de planeamiento y qué acciones de reconstrucción pueden promover la vitalidad económica y social de la ciudad y qué acciones y principios afectarán negativamente estos atributos”. Muchos esperamos que la ministra de Cultura entienda la responsabilidad histórica que tiene en sus manos y privilegie las necesidades de los momposinos y no los intereses de los contratistas.

María Eugenia Martínez Delgado*

 

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