Un lector cansado

Es claro que perder un lector no debe ser importante para ustedes. Fui fiel en las buenas y en las malas. Suscriptor por mucho tiempo.

Me alegro porque son de nuevo diario. No me importaría la incomodidad de leer un periódico de un solo cuaderno, cansón para manejar. Tampoco que no presenten los resultados del fútbol al día siguiente de la fecha jugada.

Pero lo que ya no aguanto más y por eso llego hasta aquí como lector, es tener que ver a toda hora atacar sin descanso todo lo tenga que ver con Álvaro Uribe. No son críticas objetivas. No son comentarios edificantes con oferta de soluciones. El hombre tiene fallas, no es perfecto, hay por qué criticarlo, pero la sevicia y el apasionamiento con que manejan su columnistas los comentarios son ya repugnantes.

Y lo bueno es que los que más se ensañan, son los que más rabo de paja tienen. Hasta por arrodillarse en una Iglesia a rezar lo critican. Y comprar el periódico el domingo sólo por José Salgar, Yamhure y el crucigrama, no compensa el mal rato de lo otro. Por favor, no sigan mancillando la memoria de los eximios Don Fidel (el grande), don Luis, don Gabriel, don Guillermo.

Álvaro González Vásquez. Bogotá.

Las cucarachas de Gaviria

Haciendo uso de la libertad de expresión que nos brinda El Espectador, y harto de leer y releer, sobre el tema de las Farc, sin que se vislumbre en la clase dirigente una claridad diáfana de lo que realmente sucede en nuestra sociedad, me refiero al artículo suscrito con el título “Extremistas educados”, de Alejandro Gaviria. El columnista se sorprende de que las personas más educadas sean las más radicales en asuntos políticos, sin hacer diferencia entre los que se educan en las universidades donde existe libertad de cátedra y se respeta la libertad de opinión y los que lo hacen en las universidades en donde las Ciencias Sociales se enfocan en sentido contrario, en contravía de la dialéctica, de la sociología y de la verdad. Es lógico que quienes conocen la realidad social y política sean desconfiados y extremistas, al igual que los que defienden las ideas desde sus conveniencias y sus intereses materialistas.

A manera de ejemplo, les recuerdo por qué la desconfianza y el extremismo son una constante en nuestra historia colombiana en quienes tienen la desventaja de no tener el poder económico y político. ¿Qué pasó con los rebeldes que se levantaron en contra de los obstáculos que interpuso el conservatismo ante la práctica de las reformas sociales propuestas por los gobernantes de la República Liberal, y con los que se alzaron en protesta por el asesinato de Gaitán y contra la persecución y la violencia desatadas desde la ultraderecha y desde los púlpitos? Muchos de ellos fueron asesinados, confinados en las cárceles, desplazados y engañados con falsas políticas de reinserción. Violencia generada desde el establecimiento. ¿Quiénes auspiciaron estos hechos? ¿Qué dejaron? Respuesta: frustrados políticos de avanzada, liberales o de izquierda, huérfanos, lisiados, perseguidos, engañados, desplazados, ¡despojados…!

Francisco E. Ortega R.  Bogotá.

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