Un libro de 70 años

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Me ocurrió en estos días un caso fantástico, que para muchos será insignificante, no así para quienes apreciamos el valor de los libros. Margarita, una colombiana residente en España, me envió un correo en el que me comentaba que había leído la columna que publiqué en marzo de 2018 con el título “La prima Bette”, y deseaba saber si podía donarle el libro a un hijo que estudiaba Psicología en la Universidad de Antioquia y no había logrado conseguirlo en mucho tiempo.

Con pena, le respondí que no podía hacerlo, ya que para mí era un tesoro. Y le expliqué que los primeros libros que adquirí en mi adolescencia eran los 32 tomos de la serie Grandes novelas de la literatura universal (1950), de la editorial Jackson de Argentina, en la que estaba la obra de Balzac que con tanto interés buscaba su hijo. Preciosos libros elaborados en pasta dura, color verde, letras y signos artísticos estampados en el lomo, y excelente papel. Esta colección es parte sustantiva de mi biblioteca.

En cambio, le ofrecí conseguir un ejemplar en Bogotá y enviárselo de regalo a su hijo. Este gesto tenía para mí grato sabor: era un premio para el incógnito lector interesado en las obras de la literatura clásica de antaño, que hoy lee poca gente. ¿La juventud actual conoce quién es Balzac? ¿Sabe que la prima Bette es uno de los personajes que mejor encarnan la envidia y la histeria de la humanidad? El escritor concluyó esta novela en 1846, y está considerada su última gran obra.

Ya en contacto con Juan Pablo, el hijo de la señora mencionada, supe que desde muy joven siente pasión por la literatura. Su mayor aspiración consiste en obtener el título de psicoanalista, y tiene a Balzac –de quien ha leído La piel de zapa y Eugenia Grandet– como uno de los escritores más versados en la subjetividad. Le faltaba La prima Bette.

No es fácil hallar un libro escrito hace 174 años. Tras varias gestiones vine a localizarlo en una “librería de viejo”, así llamados los depósitos que se ocupan de obras de más de 100 años. La librería Merlín, fundada en el año 2000 por Célico Gómez, almacena más de 200.000 títulos y está ubicada en el callejón de los libreros en el centro de Bogotá. Me maravilló la rapidez con que él me informó que tenía un ejemplar de dicha obra, de la editorial Jackson.

Me asaltó la idea de que se trataba de la misma edición que con tanto cariño y celo guardo en mi biblioteca. Comprada la novela, le solicité su remisión a Medellín, a la dirección del estudiante. Al día siguiente, este me envió un emocionado mensaje en que me acusaba recibo y me hacía llegar fotos de la pasta y la primera hoja del libro: ¡era exactamente la misma edición de 1950! Es decir, dos libros gemelos. Y me decía: “Tiene ese aspecto de libro viejo bien conservado que lo hace encantador”. Y yo, muy satisfecho y vanidoso con el sencillo acto que acababa de realizar –y que premiaba mi sensibilidad de escritor–, le respondí que viéramos esa feliz casualidad como un signo de buena suerte, ganada por él mismo para su carrera de psicoanalista. El libro nunca muere.

escritor@gustavopaezescobar.com

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