Por: Rodrigo Lara

Un llamado al humanismo conservador

El discurso del deterioro de la seguridad es un caballito tan oportunista como dañino para la unidad necesaria para combatir la violencia, que utiliza la oposición de extrema derecha para agruparse y presentar su plataforma política ante el público.

Exagerar la situación de orden público con fines políticos y servir de caja de resonancia a todos los atentados de los violentos es y ha sido la herramienta de manipulación predilecta de la extrema derecha: atizar el miedo.

El motivo para crear un frente de extrema derecha no es el deterioro de la seguridad, porque este Gobierno y las Fuerzas Armadas no han cedido en su voluntad de combatir sin tregua las expresiones violentas.

El motor de este frente de extrema derecha es la reacción a las profundas reformas de tierras que adelanta el Gobierno. La restitución significa alterar un orden establecido por el narcotráfico —y su criatura el paramilitarismo— de concentración violenta de la tierra en el país.

Este frente no obedece a ninguna idea, doctrina o reforma. Nace simplemente de la oposición a unas políticas progresistas —no tanto como quisiera la izquierda— y a la voluntad de fortalecer un Estado que no comulgue con la impunidad y el olvido. El miedo que despierta un escenario catastrofista de la seguridad es el parapeto, que hábilmente mimetiza el verdadero factor reaccionario de unión de esta extrema derecha.

Como siempre lo ha hecho la extrema derecha, este frente se caracteriza por el oportunismo ideológico, a tal punto que sin rubor se presenta como una corriente de centro democrático.

En su origen se encuentran sectores de un pragmatismo sin escrúpulo, capaces de fomentar la insubordinación militar y de fomentar las más destructivas divisiones de una sociedad.

Las diferentes corrientes de la derecha tradicional deben ser prudentes ante los peligrosos cantos de sirena electorales de grupos políticos ligados al narcotráfico que pretenden arroparse en sus banderas para garantizar su impunidad y preservar la riqueza latifundista producto del narcotráfico.

El pensamiento de derecha proviene de un humanismo católico que sanciona la barbarie del paramilitarismo y sus motosierras. No se debe confundir el orden, la jerarquía, la autoridad y la fe en la historia, con la defensa de un orden establecido espurio forjado a sangre. El humanismo de las corrientes de derecha históricamente ha repudiado la amoralidad de la extrema derecha.

Mucha falta nos hace un humanista como Álvaro Gómez Hurtado, un faro del pensamiento conservador que siempre se erigió en dique de contención contra el militantismo del narcotráfico, que hoy pretende manosear y utilizar los principios de su partido.

Adenda: mi solidaridad con el ministro Germán Vargas Lleras, hoy víctima de un ardid que pretende arrastrarlo al fango de quienes ya no tienen nada que perder. No pudieron con la bomba, ahora proceden con la infamia.

@rodrigo_lara_

Buscar columnista

Últimas Columnas de Rodrigo Lara

Me despido

Las vanidades producen ideas mezquinas

El bizantino derecho internacional

¿La política al servicio de la venganza?