Por: Nicolás Rodríguez

Un lugar legal para hacer trizas

Que la Corte Constitucional legitime el acuerdo final de paz con las Farc tampoco debería ser el feliz final de la discusión. Ni tan siquiera el inicio de la fiesta. Que no nos pase como al joven atleta que pierde por alzar las manos antes de cruzar la meta.

Lo que se le viene al país con la elección de un presidente contrario a la paz es por supuesto dramático. Y no hay blindajes suficientes para dicho escenario. El fallo de la Corte Constitucional podrá dar garantías y una ruta de navegación que los que lleguen habrán de respetar. Pero como se sabe, nada de esto es infalible y un presidente, más aún si lo es de talante autoritario, intentará cambiar de rumbo con todo tipo de estrategias.

Y aun así, no basta con gastar todas las municiones en la elección presidencial. Cualquiera que repase los discursos de Fernando Hoyos, de donde nació la idea de hacer trizas el acuerdo (del que también dijo que era una “basura, fruto de un robo”) se topará con un lenguaje cargado de violencia, exageraciones y mucho sentido político, si por político nos vamos al arte, cualquier arte, de gobernar. Esas son las bases ideológicas del Centro Democrático y el llamado es a no parar.

La siguiente estación no es únicamente la Presidencia, que también, sino el Congreso. Desde el futuro Congreso, en un escenario distópico pero no imposible, el Centro Democrático aumenta sus aprendices de político; Cambio Radical hace lo propio, ya habiendo aceptado con descaro que ahora le sirve más oponerse a la paz, y Pastrana pone lo suyo, que no será mucho. Entre todos, unidos por la estrategia o la rabia o la sola necesidad de figurar (ya se dijo que Pastrana ponía lo suyo), habrán llegado a la posibilidad de una coalición parlamentaria mayoritaria.

Cuyo presidente será Uribe. El “presidente de ayer, de hoy y de mañana” (otra perla de la cosecha Londoño).

 

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