Un mal llamado “paro” nacional con efectos indeseables

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Bloquea todavía más las reformas necesarias y nos empuja al populismo.

Tuvimos marchas y temor fundado por las marchas que impusieron que millones de colombianos se resguardaran en sus casas o cerraran sus negocios, especialmente en las grandes ciudades. Los sindicatos de servicios públicos como justicia y educación decidieron “parar”, otra vez. En Blu Radio líderes de la protesta admitieron que bloquear el servicio de transporte público era parte del plan.

Llamar “paro nacional” a lo que vivimos el jueves es pensar con el deseo: el cuerpo social de la nación está lejos de “parar” voluntariamente para expresar un estado de ánimo político. Lo que vimos fue la capacidad de las fuerzas antisistema para movilizar a jóvenes universitarios y a otros sectores sociales en considerable proporción.

La presencia del ilustre rector de la “verdadera universidad del Estado” o de la “cuna de la dominación neoliberal” en la marcha en Bogotá es una muestra de la trivialización del comportamiento político de una parte de la élite intelectual. El rector sabe que el “paro nacional” es contraproducente, en el sentido de tener efectos inconvenientes, pero igual se suma.

No es contraproducente para los organizadores, cuyo efecto buscado es acabar cualquier margen de maniobra del gobierno para corregir problemas estructurales en el marco del “sistema” que odian. Lo es para el país porque está probado que las sociedades que ensayan soluciones sin competencia, sin responsabilidad fiscal, sin iniciativa privada y sin deberes de los ciudadanos, fracasan.

Cualquiera que lea y escuche sabrá que en la esencia de la cultura política del “paro nacional” hay un profundo rechazo a los principios que permiten hacer reformas graduales y exitosas. La capacidad de convocar marchas e imponer paros simplemente bloquea la posibilidad de ensayar soluciones responsables y nos aboca a gobiernos de proyectos políticos con el discurso socialista de los derechos sin importar restricciones.

En perspectiva, el problema no es el gobierno actual porque no tiene una agenda dura de reformas. Tan no existía el “paquetazo de Duque” que conspicuos “centristas” azuzadores y sustentadores intelectuales de los opositores anti-sistema terminaron diciendo que el “paro” era contra un “gobierno impopular”. Impopular sí hasta ahora, pero no anti-popular ni populista.

El problema del bloqueo político por vías de hecho (y quedó claro que la concepción de los líderes de la “protesta pacífica” incluye coerción física) es que elija al próximo presidente y encuentre a los partidos políticos pro-sistema dispersos y divididos. Como vamos, impedirán reformas responsables en este periodo, se agravarán los problemas y pretenderán sustituir la gobernabilidad del Congreso por la movilización social para imponer soluciones populistas.

Necesitamos profundas reformas para aumentar la productividad y la equidad, que implican un nuevo trato con el capital y con el trabajo, para decirlo en términos clásicos. Sin embargo, no pocos formadores de opinión que saben lo que está en juego, se dejan llevar por una causa menor: fregar al gobierno de Duque y en cascada.

@DanielMeraV

 

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