Un manual populista

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Nunca había tenido la oportunidad de ir al Hay Festival en Cartagena. Esta vez logré asistir y, la verdad, me encantó. Las conferencias son interesantes, los invitados excepcionales y la duración de las charlas magníficas. Uno siempre queda deseando más. Estupendo.

Una de las que más me llamaron la atención fue la que realizó Joseph E. Stiglitz, premio Nobel de Economía y autor de uno de los libros más vendidos de economía en la actualidad, llamado Capitalismo progresista.

Como la charla, el libro se concentra en hacer una descripción certera de la actualidad económica, principalmente de Estados Unidos, pero luego erra en el diagnóstico.

Correctamente, Stiglitz describe que la exagerada fe ciega en los mercados ha llevado a elevar la desigualdad económica, crear monopolios y generar una globalización mal gestionada. Además, en uno de los pasajes más acertados del libro sostiene que “evolucionamos de manera resuelta hacia una economía y una democracia del uno y para el uno por ciento”. Correcto.

Sin embargo, el prestigioso académico, además fuente de admiración de Hugo Chávez, no de Nicolás Maduro, ya que el segundo probablemente no sepa qué hay dentro de los libros, sostiene que la solución está en lo que llama el capitalismo progresista.

El que también fue mentor del nuevo ministro de Economía del gobierno fachada de Cristina de Kirchner en Argentina asegura que se debe limitar la acumulación de riqueza, implantar más impuestos al empresariado y acabar con los subsidios a la oferta, ya que el llamado goteo económico, o trickle-down economics, es un cuento chino. Auch.

Estoy seguro de que el libro, una vez lo encuentren los tradicionales vendedores de humo de la región, será usado como sustento para propuestas doctrinales sin evidencia estadística que incentivarán peligrosamente la lucha de clases, el resentimiento, la destrucción de incentivos para generar empresa y la búsqueda de castigos sociales y tributarios para aquellos que logren un pequeño nivel de éxito. (Gustavo, no te frotes las manos).

para ellos, una aclaración. Stiglitz, defensor de la doctrina demócrata, habla principalmente de EE. UU. y desde su desprecio personal por Donald Trump. Pero, aunque uno se distancie mucho de las políticas migratorias y el tono personal del mandatario, no puede dejar de reconocer que la unión americana pasa por uno de sus períodos de prosperidad más extensos y sostenidos de la historia moderna, gracias, principalmente, a sus políticas de menos impuestos, mayor protección a las industrias locales y flexibilización del mercado. Todo lo contrario a lo que profesa nuestro nobel profesor. (Ojo, ser nobel no significa ser dueño de la verdad. Sorry, Mr. Santos).

Sobre el tema, también la semana pasada, me encontré en la revista Time una columna escrita por el presidente ejecutivo de la financiera JP Morgan, titulado “A no ser que cambiemos el capitalismo, lo perderemos para siempre”. En el escrito, Jamie Dimon asegura que “el sistema debe modificarse para que pueda crear mejores trabajos y dejar una sociedad más saludable. Una que sea más inclusiva y que cree mayores oportunidades para más gente”. Igual que Stiglitz. Pero, a diferencia del premio nobel, en entrevista posterior con CNBC, concluye: “El socialismo ha fallado cada vez que lo ha intentado y finalmente siempre lleva a erosionar la sociedad”. Extraordinario.

Lo que nos lleva a nuestro país. Es innegable que Colombia necesita mejores oportunidades para todos, pero debemos estar atentos a que nuestros políticos, en ejercicio y en campaña, no nos metan gato por liebre. Todo aquel que busque catapultarse en la lucha de clases y los cambios inmediatos está mintiendo. Ya empezaron las presidenciales y los populistas usarán el libro de Stiglitz como manual para mentir y manipular. Atentos.

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