Por: Jorge Gómez Pinilla

Un millón de voces contra Álvaro Uribe

En mi columna de la semana pasada me referí a la marcha que Álvaro Uribe Vélez promueve para el 2 de abril diciendo que “la salida a las calles es una necesidad para defender la democracia”.

Frente a eso afirmé que “es una necesidad, sí, pero no para defender la democracia sino para su proyecto desestabilizador”. (Ver columna) Y en asunto de marchas recordé la del 4 de febrero de 2008, cuando verdaderos ríos humanos colmaron las principales ciudades del país exigiendo a grito herido “No más FARC”.

La organización de aquella primera marcha surgió como una iniciativa ciudadana de repudio contra esa guerrilla, después de que el 4 de enero de ese año se frustró el intento de liberación de Clara Rojas. Fue entonces cuando el barranquillero Óscar Morales creó un foro en Facebook para invitar a sus amigos a juntar "un millón de voces contra las Farc". El llamado se regó como pólvora hasta trascender las fronteras, y fue así como además de las atiborradas capitales nacionales ese 4 de febrero hubo concentraciones de colombianos indignados en Nueva York, Washington, Dubai, Estambul, Tokio, Nueva Delhi, Tel Aviv, Río de Janeiro, Buenos Aires, París, Londres o Munich, 163 ciudades en total.

Ocho años después de esa marcha la seguidilla de escándalos, investigaciones, capturas y condenas entre los allegados a Uribe –que remató con la orden de detención a su hermano Santiago- permite pensar que las cosas son a otro precio para el hoy senador del Centro Democrático, porque ya mucha gente no le come cuento. La prueba es que cuando su bancada se declaró en rebeldía y ‘marchó’ sobre el Palacio de Nariño para exigir la renuncia del “dictador”, la indignación solo contagió a sus guardaespaldas y a cuatro pelagatos.

La diferencia entre la marcha del 4-F y la del próximo 2 de abril es que la primera expresaba el rechazo casi unánime del país al secuestro de civiles por parte de las FARC. La segunda por el contrario obedece a la urgencia que tiene Uribe de meterle pueblo a su pretensión de distraer con acusaciones contra el gobierno las fundamentadas acusaciones que les hace la justicia a su hermano, a sus hijos y a su partido, a este último por el espionaje que en la campaña de 2014 le ordenaron realizar al hacker Andrés Sepúlveda y a otras “células” para tratar de abortar el proceso de paz, lo cual si se hubiera concretado les habría dado el triunfo, como se lo dio a Uribe el fracaso del Caguán. (Ver declaraciones de Sepúlveda).

Es precisamente eso lo que hoy tiene a Óscar Iván Zuluaga –también- a las puertas de la cárcel, motivo por el cual huyó –también- a otro país, como en su momento lo hicieron María del Pilar Hurtado, Andrés Felipe Arias, Luis Carlos Restrepo y Luis Alfonso Hoyos, acusado este último por lo mismo que se investiga a OIZ: concierto para delinquir, violación de datos personales y uso de software malicioso.

El uribismo en abigarrada cohesión, que incluye a sus corifeos en columnas de prensa o en medios como RCN, se ha alzado en pie de lucha para encubrir lo que en el ámbito jurídico se conoce como una “empresa criminal”, nombre este que la Corte Suprema les dio a las chuzadas del DAS pero se hace extensivo a todos los investigados y condenados por concierto para delinquir.

En la columna arriba citada sugerí que el CD más bien debería llamarse Fuerzas Uribistas Reaccionarias de Colombia (FURC). En consonancia, se hace urgente que los colombianos que se oponen a ese proyecto sedicioso –al cual se le da camuflaje de político- se manifiesten y hagan sentir su voz de protesta. No se puede permitir que en busca de conseguir impunidad para su familia y sus allegados más cercanos (y lejanos), el expresidente arrase con la justicia y con la credibilidad que todavía les queda a las instituciones.

Con motivo de esa columna, espontáneos como Luz Marina Arango en Facebook o Federico Gärtner y Emma Flood en Twitter (a quienes no conozco en persona) se lanzaron al ruedo de las redes sociales a proponer una marcha que permita pasar “de la indignación a la acción”, y en tal medida contribuya a contrarrestar semejante proyecto reaccionario, cómplice de actividades criminales, parte de cuya rufianesca dirigencia hoy es prófuga de la justicia.

Si hubiera que buscar una justificación adicional, sorprende cómo en coincidencia con la captura del ‘apóstol’ de Yarumal se ha desatado una ola de asesinatos de dirigentes populares, que la revista Semana definió como el regreso del fantasma paramilitar y haría pensar en los coletazos de una bestia herida, a modo de advertencia tanto de lo que les puede pasar a los guerrilleros desmovilizados tras la firma de los acuerdos de paz, como del poder ‘subversivo’ de la Mano Negra.

Nunca antes en mi vida he participado en la organización de ninguna marcha –aunque sí he asistido a manifestaciones- pero he decidido acoger en esta columna las voces de quienes proponen convocar a una movilización masiva en rechazo a la cada vez más peligrosa extrema derecha, hoy convertida en una jauría de perros rabiosos domesticada y envalentonada por el accionar conspirativo del expresidente Álvaro Uribe.

Propongo que la marcha nacional en cuestión se realice el sábado 9 de abril, y si bien su nombre está por definir (se escuchan sugerencias), la idea central es que logremos aglutinar más de un millón de voces contra Uribe y sus FURC.

DE REMATE: Debe quedar bien claro que no es una manifestación de apoyo al gobierno, pero sí en parte a sus esfuerzos por alcanzar la paz. Mejor dicho, no sobra repetir estas palabras de Adolfo Zableh en columna reciente: "Lo que menos me gusta de los uribistas es que me hacen sentir simpatía por Juan Manuel Santos".

En Twitter: @Jorgomezpinilla
Jorge Gómez Pinilla 

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2016-03-15T21:00:08-05:00

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