Un momento crítico

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Los ataques y las quemas de más de 20 CAI en Bogotá parecen tener mucha semejanza con la ola de violencia que comenzó con la destrucción de las estaciones del metro de Santiago de Chile, el 18 de octubre de 2019. Lo que se quiso hacer pasar como un levantamiento espontáneo, está ahora comprobado, en Chile fue algo cuidadosamente planeado y coordinado. Una parte importante de la estrategia fue desacreditar a los carabineros, acusarlos de violaciones a los derechos humanos y, por supuesto, inmovilizarlos. Como resultado, más 50 estaciones de metro fueron destruidas, se asaltaron y se incendiaron 400 supermercados, se destruyeron cientos de semáforos, se quemaron iglesias, se decapitaron estatuas de héroes de la Independencia y se demolieron imágenes de Jesucristo, santos y la Virgen María.

Quienes vivimos en Bogotá esperamos que las autoridades nos informen muy pronto sobre los responsables de este estallido de violencia. Se sabe que el asesinato del abogado Javier Ordóñez desató protestas y movilizaciones, una muerte que debe ser investigada y sus responsables, llevados a la justicia. También es cierto que, desde hace semanas, circulan en las redes sociales videos muy sofisticados, invitando a la movilización y a la protesta social con un claro desacato a las autoridades. Con un enfoque que parece calcado del discurso del marxista Ernesto Laclau, quien a su vez se inspiró en el ideólogo nazi Carl Schmitt, los videos tienen una concepción dicotómica de la sociedad e invitan a la confrontación social del pueblo contra lo que denominan las élites y los ricos. En ningún momento hacen referencia a la disputa política al amparo de las instituciones, la democracia y la lucha electoral. Por el contrario, como ya sucedió con la protesta social del año pasado, sus líderes parecen vislumbrar un momento insurreccional para la toma del poder por la vía de la violencia.

 

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