Un monumento al hombre blanco que se va

Noticias destacadas de Opinión

Hay algo divertido en burlarse de un monumento. Se creen mucho los monumentos. Petulantes, se dan sus aires de importancia. Cuando cae el monumento impasible y erecto de un esclavista, gana la poesía.

Ocurrió en estos días de iconoclastia en Portsmouth. La indignación por la violencia policiva en los Estados Unidos tras el asesinato de George Floyd reactivó el movimiento Black Lives Matter (Las Vidas Negras Importan). Lo que no se logró antes con el movimiento de ocupas en Wall Street tomó otro aire unos años después. La revolución ya no es por clase, es de raza. O por racismo. Y atraviesa océanos.

En Amberes, el sanguinario belga que explotó el Congo africano a cambio de llevarles la “civilización” por fin fue retirado. A regañadientes se fue Leopoldo II, de pronto, pero ridiculizado. En Bristol, puerto de esclavos inglés, el turno fue para Edward Colston: al agua fue a dar, por donde vinieron fama y riquezas. Otra vez la poesía. No se cayó un muro de piedra, pero sí un símbolo permanente y divisorio, que pertenecía a otra época.

Los conservadores más reaccionarios creen que estos son ataques a la historia, en vez de los desenlaces tardíos de la misma. Los más tímidos piden que estatuas y demás legados del colonialismo sean conservados en museos, pero no omiten hablar de reparaciones. Otros ya van tras los museos y sus colecciones de objetos robados en contextos de violencia, tan problemáticos como los monumentos.

Y si todos caen, ¿qué otro tipo de monumentos podrían ser erigidos? Se sabe de los contramonumentos: monumentos que no quieren ser monumentales. Esa es una opción que ya cuenta con una tradición considerable. En general, la idea es un adiós a los arcos de triunfo y que no hay nada para celebrar.

Entre tanto, qué otra alternativa queda. Entre la iconoclastia de las nuevas generaciones y el gesto profesional de los artistas consagrados y sus contramonumentos, qué más se puede esperar. Una opción modesta consistiría en construir el monumento al hombre blanco que está por irse pero sigue ahí. Pues ese también es el momento actual. Un monumento al hombre blanco que se desvanece. Como su privilegio.

Comparte en redes: