Por: Don Popo

Un muerto sin doliente

Eso es el Chocó. ¡Aunque aún no está muerto! Está agonizando, dicen.

Escribo estas líneas desde un pequeño balcón, segundo piso a la orilla del río, que con cada ola de lancha se cimbronea como un temblor escala 5,5...

Desde hace varios días vengo viajando por el Chocó, por el río San Juan, visitando mi pueblo natal, Condoto, y a algunos amigos en Istmina. Tostao me acompañó a su ciudad, Quibdó, para presentarme en sociedad, les decía a los miles de queridos que le salían al paso para felicitarlo y retratarlo.

En los últimos días tomamos una lancha río Atrato abajo. El pueblo de Murindó nos recibió con una chirimía, un bunde, por su única calle. “Este pueblo es diferente, no hay carros ni motos, ¡está limpio!”, exclamó Tika. “Dicen que somos muy jodidos porque les hemos cerrado las puertas a sus proyectos”, dijo el líder, que se parece al Pibe.

“Ocho horas por río, estoy aquí, en Riosucio. ¡Vine a escucharlos! ¿Cómo se sienten?”, pregunté en todos los municipios.

“Abandonados. A nadie le importamos. Acá no hay nada, no hay trabajo, sólo la politiquería genera empleo. Nos tiene sumidos en la miseria”.

“La minería nos está enfermando, los ríos están llenos de mercurio, ya no hay qué pescar”.

“Los jóvenes, entregados a la violencia por desesperanza y frustración…”.

“Y nuestros representantes son unos mudos. Vea el caso de Bajirá, nos lo quieren quitar y ninguno ha salido en nuestra defensa. Son unos burros amarrados, pagando deudas…”.

En contexto es que se logra digerir la trascendencia de las marchas de las últimas semanas. Caminando como en cuerda floja por los puentes de madera, de 30 centímetros de ancho y a dos metros del piso, que se extienden por kilómetros entre los barrios empobrecidos, mirando para abajo y viendo lo desagradable, te das cuenta de qué significa vivir sin alcantarillado, sin agua potable, el río como caño y acueducto; las casas en constante riesgo por desastres naturales, sin hospitales, y con más iglesias que escuelas. (También me duele voltear ante el mundo esta realidad...).

Pero no nos equivoquemos: esta es una tierra muy rica. Además de las disputas por Belén de Bajirá, un corregimiento de Riosucio que tiene más tierras que el Quindío, explotadas con agricultura, piscicultura y ganadería, oro, cobre y maderas, precisamente en este nodo geográfico se pretendió construir el canal interoceánico Atrato-Truandó, que le competiría al canal de Panamá. Y ahora, desde la entrada de Bajirá se construye el proyecto Transversal de las Américas, antigua Vía Panamericana, con un puente que atraviesa las ciénagas, el río Atrato, el Parque Los Katíos, la comunidad de Cacarica, motivo por el cual fueron masacrados y desplazados en 1997, y hoy aún siguen resistiendo, me contaron el señor Benjamín y Alirio.

¿Qué solución hay para que el Chocó mejore, resucite? Como si se hubieran puesto de acuerdo, todos por mi paso evocaron: “Dignidad, conciencia, sentido de pertenencia, resistencia”.

“No nos oponemos al desarrollo desde que haya consulta previa informada y libre, nos incluya para mejora de nuestras vidas y el territorio”, Alirio, Cacarica.

“Estamos haciendo pedagogía para acabar los malos hábitos electorales. Proponer representantes honestos, transparentes, con experiencia y formación, libres, y dolientes de esta tierra. ¡No votar más por foráneos!”, Asochocó.

“Estamos inspirando a los jóvenes, antes estaban en pandillas, hoy trabajamos en una película”, Ejército Sin Esperanza, @Madein_Chocó.

“Desarrollamos sus talentos, sus capacidades, para que tomen las riendas de este departamento”, @fundacionTalentosdeCorazón, @fundacionRanchoAparte.

“Con optimismo y positivismo”, @enamoratechoco, @talentochocoano.

Ser chocoano no es ser menos. No está muerto quien respira... ¡Muévete!

 

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