Por: Columna del lector

Un mundo posthumano

Por Rodrigo Urrego Álvarez

En la película Gattaca, escrita y dirigida por el neozelandés Andrew Niccol, se describe una era posthumana en la que los bebés son concebidos por fertilización in vitro y con técnicas de edición genética para eliminar genes defectuosos que puedan causar enfermedades o predisposiciones, por ejemplo al alcoholismo o a la drogadicción. En la película, Vincent, un niño concebido de modo natural (un hijo de Dios), posee una perspectiva de vida no mayor a los 30 años debido a una deficiencia cardíaca. Mientras que su hermano Anton ha recibido a nivel embrionario todo tipo de modificaciones genéticas en pro de una mejor supervivencia, por lo cual es considerado un hijo del hombre, ya que no carga con todas las imperfecciones genéticas que poseen los hijos de Dios, como Vincent.

Este ambiente futurista, propio del séptimo arte, hoy en día es una realidad. Cambiar nuestras instrucciones genéticas producto de la evolución es una posibilidad que se abre gracias a la potente técnica de editar genes llamada Crispr–Cas9. En la prestigiosa revista Nature se publicó el pasado 2 de agosto el articulo “Correction of a pathogenic gene mutation in human embryos”, en el cual un grupo interdisciplinario de investigadores liderados por Shoukhrat Mitalipov lograron producir embriones humanos manipulados genéticamente, corrigiendo un defecto en el gen MYBPC3, el cual causa una condición conocida como cardiomiopatía hipertrófica, que es la principal causa de muerte súbita en los atletas jóvenes. La mutación es dominante, lo que significa que un niño necesita heredar sólo una copia del gen mutado para experimentar sus efectos. Pero el fenómeno de modificar el genoma humano no deja de generar muchos dilemas.

¿Será necesario introducir modificaciones en el genoma humano para hacernos un poco mejores en pro de nuestra supervivencia? Los peligros saltan a la vista, es como transitar por pendientes resbaladizas, la edición del ADN se puede utilizar como método de curación de ciertas enfermedades; pero de igual forma, pueden generarse usos con implicaciones menos convincentes o incluso preocupantes. Tal como lo plantea Siddhartha Mukherjee en su libro El gen, una historia personal, ¿pueden los seres humanos “mejorar” de una manera responsable sus propios genomas? ¿Podemos hacer que nuestros genomas sean “un poco mejores” sin riesgo de hacernos en realidad mucho peores?

Aunque los posibles riesgos derivados de dicha biotecnología están planteados y estamos ad portas de una moratoria que regule el uso de la edición y alteración de genes, los avances en el área se seguirán dando y bienvenidos sean estos. Debemos de aceptar los progresos de la modernidad, no podemos caer en la exaltación del principio de precaución, el cual nos habría desaconsejado la invención del avión debido a la posibilidad de accidentes y habría contraindicado el uso del tren por el riesgo de descarrilamientos.

Actualmente, en Colombia muchas clínicas de reproducción asistida ofrecen el servicio de diagnóstico genético preimplantatorio (DGP), que les permite a los padres seleccionar e implantar de forma preventiva embriones sin defectos genéticos como el síndrome de Down o fibrosis quística, además de poder seleccionar el sexo del futuro descendiente. Según los avances evidenciados en la publicación de la revista Nature, no está muy lejos el día en que los padres actúen igual que en la película Gattaca y ordenen mejoras en el genoma de sus descendientes. ¡Bebés a la carta, sin lugar a dudas se tratará de un mundo posthumano!

*Profesor Universidad CES.

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